viernes, 5 de enero de 2018

6 IDENTIDAD

     Entrar en La Perla para Sofía era mucho que ir de compras. Era su santuario particular, su momento de ocio especial en el que no sólo se gastaba una cantidad indecente de dinero en ropa interior, sino que, además significaba cumplir con los mínimos exigidos por su amor propio. Se dedicaba tiempo a sí misma comprando conjuntos carísimos que la hacían sentirse bien como mujer, atractiva y sexy, por dentro y por fuera. Un día decidió que se tenía que querer un poquito más y tomó las riendas de su vida, empezando por teñirse el pelo, pasando por un rimel casi diario y quedaba con amigas casi todos los días, pero especialmente con Judy, todos los jueves. Era casi un ritual y lo llevaba por bandera.
     Siempre iba a la misma tienda de La Perla. Era clienta predilecta y conocían muy bien sus gustos. A Sofía le gustaba casi todo; le daba igual el tipo de tejido, gasa, licra, polyester, seda, nailon, raso,... Le gustaban casi todos los colores, excepto los chillones, salvo alguna excepción, pero no los soportaba. Pensaba que para colores muy llamativos o fosforitos ya tenía su bikini. Pero su elemento fetiche era el encaje. Era el ornamento perfecto, la elegancia en la prenda íntima, y que, en su justa medida, podía llegar a ser sinónimo de seducción. Le fascinaba, sin más.
Se paseó por la tienda ojeando, sin buscar nada concreto porque sabía que siempre encontraba alguna grata sorpresa. Y así fue. Al fondo, junto a uno de los mostradores, encontró un sujetador en color marrón chocolate con ribetes y lacitos rosas pastel. Tenía a juego la braguita, el tanga, el culote y el liguero. Sofía nunca había usado liguero y de pronto pensó que podía una prenda bonita y exótica en el cajón de sus tesoros, y que podría usar en ocasiones especiales. Y entonces, se volvió loca y compró el conjunto completo, con todas sus prendas. A lo loco. Salió de la tienda con sus bolsa, con la sensación del trabajo bien hecho por haber hecho una muy buena compra. Llamaría a Judy para tomar algo y seguir su debate sobre el lío que tenía con Jack y Martin y la vida en general.
Paralelamente, mientras Sofía se gastaba doscientos ochenta euros en La Perla, Judy estaba de piernas de abiertas, con la lengua de Claudia entre sus muslos.
-Judy,...... ¿Hasta cuándo vas a fingir?,- preguntó Claudia.
-¿Fingir el qué?
-Que te has pillado por Sofía.
Fueron palabras plomizas, pesadas y angustiosamente difíciles de digerir. Judy  se pude a la defensiva pero no le sirvió de nada.
-Yo no estoy enamorada de Sofía, eso es una barbaridad hombre,....
-Judy,.... me has llamado Sofía tres veces. Te recuerdo que me llamo Claudia, y aunque tú y yo tenemos claro que no somos nada, me gusta que la chica con la que me acuesto al menos, me llame por mi nombre.
Claudia lo dijo con cierta seriedad provocando un cambio en el rostro, siempre risueño, de Judy. Y sin embargo, era una verdad sangrante. El nombre de Sofía había salido de los labios de Judy de forma tan natural como inconsciente.
-Judy,... Te quiero y te tengo mucho cariño. No estoy enfadada, pero quizá sea el momento de que dejemos de vernos. Podemos ser, somos, muy buenas amigas, pero creo que es mejor cortar nuestros encuentros sexuales si hay alguien más.- Las palabras de Claudia lo silenciaron todo. Judy se hizo pequeñita de repente, no tenía contestación para aquella verdad tan dolorosa.
-¿Me guardarás el secreto?,- preguntó Judy con lágrimas en los ojos.
-Siempre.
En ese momento, sonó el móvil de Judy. Era Sofía contándole en un whatsapp lo bonita que era la ropa interior que acababa de comprar. Que la esperaba en el Freedom. 'Estoy algo pachucha, me duele la cabeza,... Ya nos vemos el jueves', y pulsó el botón de enviar. Sofía y La Perla tendrían que esperar.

                                                  Juls, 6 de enero de 2018

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