Se pidió un café con leche fría. Estaba tan nerviosa que llegó una hora antes de la cita. Se sentó en la terraza del Antoxo con un montón de mariposas en el estómago. Miraba a la gente pasar mientras daba pequeños sorbos a su café. De pronto, le llegó un mensaje al móvil. -Lo siento, me voy a retrasar diez o quince minutos, no te vayas.- Guardó el móvil en el bolso y durante unos segundos sintió algo de alivio. No quería enfrentarse a aquella cita y por otro lado lo estaba deseando. Por fin parecía que su vida se encaminaba hacia algo bonito. Ella sí que era bonita, pensó. Era bonita en todos los aspectos y tenía la suerte de haberla tenido en su cama en los últimos días. Qué importaban diez o quince minutos si cuando llegase su mera presencia lo impregnaría todo. Y la besaría. Oh sí, la besaría. Con el ansia con que se besan una pareja de colegiales a escondidas. Buscaría su boca como agua fresca de verano y se hundiría en su cuello al calor del deseo. Aún recordaba la otra tarde en la que se fueron a casa de ella presas de un terrible calentón. No tenía ni un solo trozo de piel por el que ella no hubiera pasado su lengua. Recordar todo aquello provocaba su deseo. Se terminó su café y pidió un vaso a de agua y el camarero se lo trajo con la cuenta en un platillo de plástico endeble.
La hora de la cita, más quince minutos de retraso avisado, ya había pasado. De hecho, había pasado ya un hora. Cogió su móvil. No había mensajes ni llamadas que no hubiera escuchado. A los dos minutos, cuando decidió marcharse apareció ella. Y efectivamente, se besaron. Casi con desesperación, con un 'bésame primero y luego justificas tu tardanza'. Se comieron la una a la otra. Después de eso lo único que quedaba era estar piel con piel, boca a boca, corazón abierto y entre sus piernas, nada más. Se querían, se follaban y se volvían a querer.
-Perdone, vamos a cerrar.- El camarero la devolvió de pronto al mundo real. Durante un rato recordó sus besos y su cuerpo perdiendo la noción del tiempo. No se había presentado. Casi era de esperar. O no. Daba igual. Pagó su café y se fue. Quizá ya no era tan bonita, quizá sólo fue sexo. Y sin embargo volvería a besarla.
Juls, 20 de julio de 2017