El agua de la bañera estaba muy caliente. Se había pasado pero le daba igual. Cuanto más caliente mejor. Se sentía sucia; por dentro y por fuera, y necesitaba agua caliente y mucho jabón. Y muchos pañuelos para secarse las lágrimas. Paula lloraba dentro de su bañera como una niña pequeña a la que habían castigado por hacer la mayor de las travesuras. Lloraba desconsoladamente, con mucho desasosiego, con un hipo profundo y que no podía controlar.
Se puso su albornoz de flores azules y una toalla en la cabeza, y se fue al salón. Y allí estaba ella. De pie. Callada. Elena, con sus mejillas sonrosadas y sus labios de cereza. Se quedaron en silencio mientras se miraban a los ojos.
-Márchate. No vuelvas a entrar en mi casa.- Paula soltó aquellas palabras casi como saetas envenenadas. Pero era mentira. Lo último que quería Paula era que ella se fuera. Esas palabras provenían de su orgullo pero no de su corazón. Tenerla delante era como una última oportunidad de verla.
-Dale recuerdos a Felipe de mi parte,- dijo Elena. Y se fue por donde había venido.
Paula se quedó desconcertada. ¿Los había visto? ¿Había estado allí? ¿Por qué no habló con ella? La asaltaban mil preguntas sin respuesta mientras corría en albornoz hacía la ventana y la abría.
-¡Elena!- gritó. ¡No te vayas, espera!- Elena se paró al final de la calle mirando hacia la casa. Paula se vistió deprisa y salió a por ella.
- ¿Por qué no me avisaste de que estabas en el bar?,- preguntó Paula.
-¿Besa bien?,- Elena era tajante y seca. -¿Sus caricias son las mías?
-¡Te fuiste! ¿Recuerdas? Y ni siquiera sé por qué, así que, creo que no tienes ningún derecho a pedirme explicaciones.
-Me fui porque me tenía miedo. Estropeo todo lo que toco y me fui porque necesitaba pensar en nosotras. Y cuando vuelvo te veo ahí en el suelo follando con ese,... imbécil. Se me cayó el mundo a los pies... - Paula la cortó.
-¿Qué necesitabas, joder? ¿Por qué no hablaste conmigo primero? Te quería, habría intentado entender lo que fuera,...
-Lo siento...- atisbó a decir Elena en medio de un sollozo ahogado.
-No vuelvas a decirme que lo sientes...-dijo Paula. -No vuelvas a decirlo.- Paula era la damnificada pero en ese preciso instante sólo quería abrazarla. Así de sencillo.
Elena sabía que lo había hecho mal, pero ya no había marcha atrás. Casi le repugnaba pensar que la boca de Paula había vuelto a la de Felipe....
-¿Por qué con él?....-Elena necesitaba aquella respuesta más que cualquier otra.
-No pasó nada.-contestó Paula. - No se puede tener sexo con alguien que no deja de llorar repitiendo el nombre de Elena todo el tiempo. Estaba tan dolida.... No supe nada de ti hasta hace un rato, creí que me habías abandonado de mala manera, para siempre, y salgo de mi baño y te encuentro ahí de pie,..... Tan bonita como siempre,.... Y yo queriendo besarte por debajo de mi orgullo.
Paula se fue acercando a ella muy despacio.
-No te acerques, Paula. Anoche, al verte allí tirada con él en el suelo,.... sentí un asco profundo,....- Y era cierto. De hecho, Elena podría haber entendido cualquier reacción negativa por parte de Paula, pero no aquello.
-No debí venir,....-dijo Elena. Y Paula se quedó en medio de la calle, quieta, mientras veía como por segunda vez Elena se marchaba de su vida.
-Sus caricias no son las tuyas, claro que no,...- se susurró así misma,.... -Nunca lo serán.-
Y mientras, Elena, se metía en su coche sin poder dejar de llorar.
Juls, 14 de enero de 2017