lunes, 29 de enero de 2018

10 COMPROMISO

     El bueno de Jack O'Brian. Siempre tan cortés, tan educado, tan,.... Tan Jack. Invitó a desayunar a Sofía, como si pensara que eso suavizaría las cosas.
-Sofía,.... Estoy conociendo a alguien y quería decírtelo antes de que te enterases por ahí, o vieras cosas que pudieran hacerte daño.- Jack estaba algo serio pero tranquilo.
-¿Por qué crees que verte con alguien podría hacerme daño? Tú y yo no somos nada,- contestó Sofía.
-Bueno, algo éramos,...
-No teníamos ningún tipo de compromiso el uno con el otro, es verdad que teníamos sexo, que nos entendíamos muy bien en la cama pero eso es todo.
-¿Te parece poco compromiso que dos personas compartan su cama? ¿Es poco compromiso el hecho de que me dejes estar dentro de ti? Nunca hemos sido novios, si es a eso a lo que te refieres como 'compromiso' pero yo no pienso así. No éramos nada, y a la vez lo éramos todo. Al menos, yo lo creo así, y es por eso por lo que creía también, que lo correcto era decirte que estoy empezando algo con alguien.
Sofía se quedó callada ante aquello. Después de tantos años no conocía a Jack. Resultó que Jack no era el típico follamigo; era Jack, un tío con los pies en la tierra, más romántico y leal de lo que creía y que se había preocupado por minimizar los daños. Nunca fueron nada y resulta que lo habían sido todo.
-¿Cómo se llama ella?,- preguntó Sofía.
-Alice.
-¿La mujer rubia del otro día, que estaba en la barra hablando contigo?
-Sí. Es una mujer estupenda y creo que hemos conectado desde el principio.
-Es muy guapa y muy elegante, seguro que es una gran mujer,- dijo Sofía.
Cuando se marchó del bar, se fue caminando sin rumbo, sin saber muy bien a dónde ir. Iba cabizbaja, seria,... Y de pronto, se puso a llorar. Se sentó en un banco del paseo y decidió llamar a Judy, pero no contestaba. Se fue a casa. Se puso su pijama y se tiró en el sofá con una manta. De pronto, sintió un vacío muy grande, pensaba en Jack. Tenía razón; no fueron nada y lo fueron todo, porque si no, por qué lloraba ella, por qué le dolía pensar que estaba con otra, si a fin de cuentas, podría ser su padre. Le dolía pensar que no fueron nada, pero ahora menos que nada. Estaba sola de nuevo. ¿Por qué le dolía tanto? Y Judy sin contestar. Necesitaba a su amiga pero estaría durmiendo la borrachera.
Encendió la televisión y se quedó dormida viendo el canal cocina. Mientras tanto, Judy, lloraba desconsoladamente bajo el agua caliente de la ducha. Pensaba en Sofía y eso era algo que no se podía permitir. Se vistió y la llamó.
-Sofi,.... Perdona, me quedé sin batería y estaba del revés.... Menuda noche.
-No te preocupes, ya me lo imaginaba. Yo terminé en mi casa con Martin,....
-No me des detalles, querida,.... Martin es Martin. ¿Dónde estás?
-En casa, en pijama..... Jack me ha dicho que está conociendo a alguien y en consecuencia, no nos veremos más. Al menos de aquella manera. Y lo peor, es que estoy hecha una mierda Judy,.... Me ha dejado hecha polvo, yo,... No sé que hacer, no me tendría que doler ¿No?
-Pues no, pero el tío se ha portado. Si fuera un cabrón se habría callado y jugaría con las dos; con la otra y contigo. Pero no. Venga,.... O te vistes y sales conmigo, o voy yo a tu casa y te doy la chapa sobre Claudia. Tú eliges.
-Ven tú a mi casa, no tengo ganas de salir a ningún sitio. Por cierto,...
-Qué...
-Tráeme platanitos de azúcar, por favor. Y chocolate.- Sofía lo pidió con voz de niña buena.
-Venga, va,... 

                                           Juls, 30 de enero de 2018

sábado, 20 de enero de 2018

9 PUERTO DE INDIAS

     Ginebra Puerto de Indias con tónica de grosella. Un combinado atractivamente rosa que entraba prácticamente solo. Aquella tarde dio para mucho,... Muchísimo. Lo que se pensaba un rato tranquilo de dos amigas conversando, se tornó en un 'felices los cuatro' en el momento en el que Judy les dijo a Martin y a Claudia que se sentaran con ellas a tomar algo. Terminaron cerrando el pub y buscando otros garitos abiertos. Judy estaba más rara de lo normal, Claudia se tomó la última y cuando Judy quiso meterle morro, le hizo una cobra de antología al estilo 'matrix' que desató un descojone generalizado en el cuarteto. Judy estaba bebida pero no lo suficiente como para no saber lo que estaba haciendo. En un momento dado miró a Sofía, reflexionó sobre sus sentimientos y lo único que se le ocurrió fue coger a Claudia por la cintura y besarla, pero Claudia no estaba por la labor. De hecho, Claudia le paró los pies con un ademán bastante serio, incluso regañándola. Al rato, Judy estaba llorando en el baño, Claudia se había ido y Martin y Sofía se pedían otra ronda.
-Deberíamos irnos, Judy no está bien.
Sofía no llegó a terminarse la copa y le dijo a Martin que las llevara a casa. Una vez en el coche, sufrieron el típico bajón; apenas hablaban.
-Judy, ¿Estás bien?,- preguntó Sofía. Lloraba desconsoladamente en el asiento trasero del coche, hipaba y tenía la cara manchada de rímel corrido. Sofía quiso consolarla.
-Judy, seguro que mañana Claudia lo ve todo más claro, no te disgustes. Mañana será otro día, ahora estamos un poco perjudicados y no es el momento. Hazme caso, cariño.
Judy se sorbió los mocos y contestó:
-Claudia lo tiene perfectamente claro, y yo también. No necesito esperar a mañana para que esa claridad me ilumine.- Judy contestó muy borde.
-Estás borracha, no te lo voy a tener en cuenta.- En ese momento, llegaron a casa de Judy, se bajó del coche y se metió en casa.
Sofía no terminaba de entender la situación pero estaba demasiado cansada para buscar respuestas. Pero no para terminar encima de Martin en su sofá, follando como veinteañeros que lo hacen a escondidas. Por alguna razón, Martin sencillamente, se dejó hacer. Sofía tomó la iniciativa y ya no hubo vuelta atrás. Tras el sofá se fueron al dormitorio. Se deshizo de su ropa interior gris marengo y vainilla, y se puso a horcajadas sobre él que estaba tumbado bocabajo. Rozaba sus pechos contra su espalda, lamiendo y besando cada trozo de piel. Lo acariciaba, lo mordía, lo saboreaba,... En un movimiento lento pero seguro, Martin se puso bocarriba, pretendiendo un liderazgo que Sofía reducía rápidamente. Entonces, ella cogió una mano de él y la puso entre sus piernas, a la vez que ella tomaba su miembro con la mano. No hubo más que decir, sólo hacer y dejarse hacer. Ya por la mañana, cuando Martin se hubo ido, Sofía llamó a Judy. No contestaba. Ni siquiera daba señal; ya la llamaría más tarde, estaría con resaca. Se vistió y se fue al pub a desayunar; craso error.
-¿Podemos hablar?- Jack O'Brian. El día empezaba bien.
-Necesito hablar contigo, Sofía,....- Y le sirvió una porción de tarta de zanahoria.

                                                    Juls, 21 de enero de 2018

viernes, 12 de enero de 2018

8 'FELICES LOSCUATRO'

     Sofía entró en el pub en busca de un café vienés con doble de nata y lo que se encontró fue a Jack O'Brian tras la barra bebiendo cerveza y tonteando con una rubia de despampanante, súper maquillada, con un traje de ejecutiva agresiva y con unos tacones de infarto. De pronto, se sintió rara. Jack flirteando con una mujer que no era ella, cuando no hacía mucho había perdido sus bragas con él a unos dos metros de allí. Entonces, apareció Judy dándole una palmada en la espalda a Sofía.
-¿Celosa? No deberías, querida, te recuerdo que fuiste tú quien dijo que Jack era un follamigo; los celos no tienen lugar aquí.
-No estoy celosa.... Bueno, se me hace raro.
Se sentaron en una mesa junto a una ventana. Había estado nevando durante todo el día y hacía muchísimo frío. Jack se acercó sonriente y les tomó nota de las consumiciones.
-Hola chicas. ¿Qué os pongo?
-Yo quiero un chocolate y un browny de esos tan ricos que tienes por ahí,- dijo Judy.
Jack, iba apuntdo.
-¿Y tú Sofía?,- preguntó Jack.
-Café vienés con doble de nata y tarta de zanahoria.
-Marchando.
Judy miró de reojo a Sofía. Tarta de zanahoria. La tarde prometía.
-Estás celosa,- insistió Judy.
-Llevo toda la semana acostándome con Martin, es imposible que yo esté celosa de nada en este momento.
Justo entonces, Jack apareció con su pedido y lo dejó sobre la mesa.
-Madre mía, chica, qué perdida estás. Y Martin, qué es. ¿Follamigo o amante?,- preguntó Judy mientras mordía un trozo de browny.
-No tengo ni idea, no me hagas preguntas tan complicadas,....- Sofía se estaba poniendo nerviosa.
En ese momento entró Claudia por la puerta y se sentó en la barra con un acompañante. Era un hecho que la tarde prometía. Y por si faltara la guinda del pastel, unos golpecitos en el cristal de la ventana dejaron helada a Sofía. Era Martin. La saludaba desde fuera bajo la nieve. Judy soltó una sonora carcajada que se oyó en todo el pub.
-Jajajajajaja Y nos lo queríamos perder. Estas cosas, queriendo, no salen. Ay, que está entrando, jajajajaaja.
Sofía no sabía dónde meterse.
-¡Cállate escandalosa! ¿Por qué no te vas con Claudia, que te pone tan cachonda, eh? Y dejas de reírte de mí.
-Uy, sí, mira lo cachonda que estoy; se me han puesto los pezones como el timbre de un castillo. Jajajajajaja, ríete, disfruta del salseo, mujer.
Judy no paraba de reírse. Entonces, Martin se acercó a saludarlas a la vez que Claudia. En la pantalla del bar se proyectaba el video clip de Maluma de la canción 'Felices los cuatro'. Judy casi muere atragantada de la risa y de browny.
-Venga, pediros algo y sentaros con nosotras,- dijo Judy, a lo que Sofía respondió con una patada bajo la mesa. Judy no paraba de reírse.

7 AMISTAD DE SANGRE

     Sofía y Judy se conocían desde hacía demasiado tiempo. Desde los tiempos de instituto en que Judy era una empollona hiper atractiva, a la que le encantaban las chupas de cuero negro con tachuelas y las converse. En la clase de al lado estaba Sofía, una estudiante del montón, con notas del montón y que arrastraría las matemáticas durante toda su vida académica. Una chica guapa, cuya belleza no pasaba desapercibida si no fuera porque siempre iba en chándal, con sudaderas dos tallas más grandes que la suya. Usaba gafas para leer de pasta marrón y una mochila heredada de su hermano, con las asas desgastadas y medio descosidas. No conocían de nada hasta que a Sofía la mandaron a clases de apoyo de matemáticas. Judy era la profesora. Los alumnos de sobresaliente ayudaban a todo el que lo necesitara de dos a tres de la tarde. Así se conocieron. Se fueron haciendo amigas pero lo que realmente las unió, fue el episodio en el que Judy le partió la cara, casi literalmente a Sofía. Judy lanzaba balones de voleyball con furia contra una pared. Sofía la llamó. Ella y otros cinco o seis alumnos, la habían estado esperando pero no se había presentado a su clase de mates. 
-¡Judy! 
-Déjame,- contestó Judy. Tenía los ojos rojos por haber estado llorando, de hecho seguía llorando.
En ese momento Sofía se cruzó entre la pared y Judy, justo cuando esta lanzaba un remate. Las gafas de pasta de Sofía saltaron por el aire y ella comenzó a sangrar por la nariz
-¿Eres tonta o qué? Cómo se te ocurre cruzarte ahí,.... A ver, déjame ver,...- Judy intentaba socorrerla.
-¡Casi me rompes la nariz! Gilipollas,..... 
Se fueron al baño para limpiarse, Judy empezó a sacar pañuelos de papel de su bolso para intentar cortar la hemorragia. Entonces, miró la cara hinchada de Sofía, su nariz sangrando y comenzó a llorar de nuevo.
-Sofía,..... Soy lesbiana y hoy se lo he confesado a mi familia. Mi padre me ha dicho que me quiere, que quiere a su hija tal cual sea. Mi hermano se ha echado a reir y ha dicho que ya lo sabía,..... Mi madre,... Mi madre no lo entiende y lleva dos días sin hablarme. 
Se hizo un silencio. Sofía se olvidó de su nariz, cogió a Judy e hizo lo que supuso que era lo mejor para ella en ese momento. La abrazó. Fuerte y cálladamente. Uno de esos abrazos largos y sinceros que le recomponen a uno el alma y los huesos. 
-Cuando quieras que te suelte, dilo,- dijo Sofía.
-Mientras no manches mi chupa de sangre, todo va bien. Te compraré unas gafas nuevas, si es que aún te queda algo de nariz para sujetarlas. Lo siento. 
-No importa. Si necesitas tirar más balonazos adelante,.... O piedras, o romper cosas,....
-Necesito que mi madre me hable y deje de evitarme, pero eso no está en tu mano ni en lanzar balones como si fuera a matar alguien. 
Desde ese día se hicieron inseparables. No importaba lo que la vida les deparase, porque de una forma u otra siempre estarían juntas. 
-Por cierto,... Yo también lo sabía,- dijo Sofía.
-¿Qué pasa, lo llevo tatuado o qué?
-No, pero te vi liarte en el baño con Marta, la ex de John. A estas alturas no creo que haya nadie que no lo sepa en todo el instituto. 
-Sofía,... ¿Me das otro abrazo? 
-Todos los del mundo, amiga. 

viernes, 5 de enero de 2018

6 IDENTIDAD

     Entrar en La Perla para Sofía era mucho que ir de compras. Era su santuario particular, su momento de ocio especial en el que no sólo se gastaba una cantidad indecente de dinero en ropa interior, sino que, además significaba cumplir con los mínimos exigidos por su amor propio. Se dedicaba tiempo a sí misma comprando conjuntos carísimos que la hacían sentirse bien como mujer, atractiva y sexy, por dentro y por fuera. Un día decidió que se tenía que querer un poquito más y tomó las riendas de su vida, empezando por teñirse el pelo, pasando por un rimel casi diario y quedaba con amigas casi todos los días, pero especialmente con Judy, todos los jueves. Era casi un ritual y lo llevaba por bandera.
     Siempre iba a la misma tienda de La Perla. Era clienta predilecta y conocían muy bien sus gustos. A Sofía le gustaba casi todo; le daba igual el tipo de tejido, gasa, licra, polyester, seda, nailon, raso,... Le gustaban casi todos los colores, excepto los chillones, salvo alguna excepción, pero no los soportaba. Pensaba que para colores muy llamativos o fosforitos ya tenía su bikini. Pero su elemento fetiche era el encaje. Era el ornamento perfecto, la elegancia en la prenda íntima, y que, en su justa medida, podía llegar a ser sinónimo de seducción. Le fascinaba, sin más.
Se paseó por la tienda ojeando, sin buscar nada concreto porque sabía que siempre encontraba alguna grata sorpresa. Y así fue. Al fondo, junto a uno de los mostradores, encontró un sujetador en color marrón chocolate con ribetes y lacitos rosas pastel. Tenía a juego la braguita, el tanga, el culote y el liguero. Sofía nunca había usado liguero y de pronto pensó que podía una prenda bonita y exótica en el cajón de sus tesoros, y que podría usar en ocasiones especiales. Y entonces, se volvió loca y compró el conjunto completo, con todas sus prendas. A lo loco. Salió de la tienda con sus bolsa, con la sensación del trabajo bien hecho por haber hecho una muy buena compra. Llamaría a Judy para tomar algo y seguir su debate sobre el lío que tenía con Jack y Martin y la vida en general.
Paralelamente, mientras Sofía se gastaba doscientos ochenta euros en La Perla, Judy estaba de piernas de abiertas, con la lengua de Claudia entre sus muslos.
-Judy,...... ¿Hasta cuándo vas a fingir?,- preguntó Claudia.
-¿Fingir el qué?
-Que te has pillado por Sofía.
Fueron palabras plomizas, pesadas y angustiosamente difíciles de digerir. Judy  se pude a la defensiva pero no le sirvió de nada.
-Yo no estoy enamorada de Sofía, eso es una barbaridad hombre,....
-Judy,.... me has llamado Sofía tres veces. Te recuerdo que me llamo Claudia, y aunque tú y yo tenemos claro que no somos nada, me gusta que la chica con la que me acuesto al menos, me llame por mi nombre.
Claudia lo dijo con cierta seriedad provocando un cambio en el rostro, siempre risueño, de Judy. Y sin embargo, era una verdad sangrante. El nombre de Sofía había salido de los labios de Judy de forma tan natural como inconsciente.
-Judy,... Te quiero y te tengo mucho cariño. No estoy enfadada, pero quizá sea el momento de que dejemos de vernos. Podemos ser, somos, muy buenas amigas, pero creo que es mejor cortar nuestros encuentros sexuales si hay alguien más.- Las palabras de Claudia lo silenciaron todo. Judy se hizo pequeñita de repente, no tenía contestación para aquella verdad tan dolorosa.
-¿Me guardarás el secreto?,- preguntó Judy con lágrimas en los ojos.
-Siempre.
En ese momento, sonó el móvil de Judy. Era Sofía contándole en un whatsapp lo bonita que era la ropa interior que acababa de comprar. Que la esperaba en el Freedom. 'Estoy algo pachucha, me duele la cabeza,... Ya nos vemos el jueves', y pulsó el botón de enviar. Sofía y La Perla tendrían que esperar.

                                                  Juls, 6 de enero de 2018