lunes, 17 de abril de 2017

PERFUME AUSENTE

     Hueles a tabaco y a rosas. Resulta embriagador acercarse a ti. Es una mezcla curiosa a la par que resultona, porque allá por donde pasas dejas huella. Hueles a tabaco y a rosas y mi piel es el jardín en el que fumas y perfumas. Cada vez que entras en mi cama tu olor se impregna en las sábanas, en la almohada, en el pijama que intento ponerme y que me quitas a base de meterme mano, en mi pelo, en mis muslos, en mi sexo,...
     Por la mañana hueles a café recién hecho, café arábigo en cafetera italiana. Yo voy hacia la cocina en busca de una taza como la yonqui que busca su dosis diaria. Y me robas largos y profundos besos con sabor a café sólo. Me robas los besos, me robas el deseo y las ganas, me desvalijas entera entre gemidos. Sabes dónde y cómo robarme. Ladrona de guante blanco con maneras de carterista y medios de persuasión impecables. Estafadora de alcoba.
     En la hora vespertina hueles a chocolate. Cacao amargo con un cien por cien pureza. Mi lengua no puede resistirse a algo así. Mi nariz te encuentra y mi lengua te saborea. Sin más, sin aditivos, nada de chocolate con leche ni mezclas de meriendas infantiles. Quiero cacao amargo en mi boca y lo quiero ahora. Lo tomo de tu espalda, de tu pecho, de tus hombros,... Y me lo das con una sonrisa pícara porque sabes que me tienes donde quieres. Siempre tan calculadora, tan perfecta y diligentemente calculadora.
    Al llegar la madrugada te respiro a cuero repujado. Hueles a piel salvaje lavada y tratada para ser dibujada a punzón con suma delicadeza. Trabajo de alta marroquinería. Piel con la que me abrigo y con la que me fundo en un sexo abrasador, un sexo ardiente que casi duele y de nuevo por la mañana,....
    Por la mañana estoy sola. Terriblemente sola. Preparando café en mi cafetera italiana, con un pijama de invierno, masticando un bombón rancio de una caja olvidada y con la piel curtida por el paso del tiempo, que no por caricias.
Hueles a tabaco y a rosas.  Te espero.


                                         Juls, 18 de abril de 2017

jueves, 13 de abril de 2017

LO QUE NO TENGO...

Tu mano en mi cadera,
tu boca en mi cuello
y mis piernas en tu espalda.
Eso es lo que me das,
eso es lo que no tengo.
Mi labios en tu aliento,
mis muslos en tus brazos
y tu lengua en mi centro.
Eres lo que deseo,
eres lo que no tengo.

lunes, 10 de abril de 2017

BESOS Y LLUVIA CAP. VI

     Haberla visto y verla marchar de nuevo, le había provocado un dolor profundo que parecía no cesar. Eran las dos de la madrugada y había tormenta. Paula estaba completamente desvelada. Después de un rato largo mirando por la ventana se vistió y salió a la calle. Caminaba despacio; empaparse le daba igual. Y sólo así, bajo la lluvia, supo que amaba a Elena sin medida. La necesitaba en su vida más que el aire que respiraba. Si la perdía, se perdería a sí misma para siempre.
     Estuvo deambulando durante horas para finalmente terminar en su bar. Entró como todas las mañanas pero ese día decidió que abriría. Llamaría a Carlos y le daría el día libre. Y de pronto se paró en seco. Elena estaba sentada en la barra, medio encogida de frío.
-No me preguntes cómo he conseguido entrar, sólo quiero un café sólo y te pediré perdón mil veces si hace falta.- En ese momento Carlos salía de la trastienda y mirando a Paula dijo:
-Fui yo quien le abrió la puerta del bar, me lo puedes descontar del sueldo.- Paula no decía nada, sólo miraba a Elena. Se colocó detrás de la barra y puso en marcha la cafetera. Con movimientos secos le sirvió un café sólo en un vaso grande de whisky, y luego se sentó con ella en la barra. No hablaban. Apenas se oían respirar. Entonces Paula movió su banqueta acercándose más hacia ella. Tanto, que sus rodillas se cruzaron.
-Por favor, no vuelvas a irte. Dijiste que estropeabas todo aquello que tocabas, pero no es cierto. Desde que entraste en mi vida soy mejor persona, y no puedo soportar el dolor de tu partida si es que te vas de nuevo. No tengo nada que ofrecerte, sólo un bar y mi amor infinito. Seré yo quien te pida mil perdones, pero por favor, no me dejes,...- Se le hizo un nudo en la garganta y comenzó a llorar; Paula le estaba abriendo su corazón y Elena no parecía inmutarse. Le daba vueltas al vaso de café con la punta de los dedos.
-Elena,....... por favor,......- Elena le cerró la calló con un dedo en los labios y le contestó.
-¿Ahora es el momento en el que yo tengo que decir algo o te beso sin más? Te quiero como no he querido a nadie y eso me asusta. No quiero cagarla otra vez.-
Se acariciaron la cara entre lágrimas con una medio sonrisa tonta, de esas que casi no puedes controlar. Y se besaron. Con la calidez y la ternura de la primera vez, y con la pasión y el desenfreno de saberse amadas. Se besaron mientras fuera llovía.
-Creo que en la trastienda tengo un paraguas, puedo ir a buscarlo.- dijo Paula.
-No,- dijo Elena mientras se quitaba su larguísima bufanda naranja. -Lo buscaremos las dos,..... y lo demás, ya lo vamos viendo,....- Entraron en la trastienda besándose y tocándose, aquí y allá, con ansia, con desesperación, con ganas acumuladas. El café sólo, en vaso de whisky, seguía intacto en la barra.