El pub estaba lleno de gente. Cuando entró Sofía, sonaba una música muy de los años ochenta y todo el mundo llevaba máscaras o antifaces. Había disfraces muy trabajados; la gente se había tomado muy en serio lo de la fiesta de carnaval. Sofía iba vestida con un traje al estilo de la película 'Las amistades peligrosas'; la cara perfectamente empolvada de blanco, un lunar negro simulado con eyeliner cerca de la comisura de la boca, labios rojos mate, ligeramente oscuros, peluca gris claro con tirabuzones,..... Y un escote de infarto realzado por el corsé del vestido. Y por supuesto, un antifaz de estilo veneciano, decorado con dibujos dorados y con unas perlas minúsculas.
-¡Sofía!,- la llamó Jack. -Estás impresionante, qué quieres beber.
-Vino blanco, fresquito. Vaya ambiente que hay, estarás contento.
-Sí, está saliendo muy bien,- dijo Jack.
Entonces, apareció por allí una silueta alta, con botas marrones hasta la rodilla, pantalones de montar a caballo, un chaleco de raso negro con estampados grises, plateados, una camisa blanca de mangas abombadas, un antifaz negro a juego con el chaleco y una capa con capucha. Una imagen terriblemente atractiva, muy provocativa,....
-Mirad, acaba de llegar Casanova,- gritó alguien desde el fondo.
-Para ti, señorita Casanova, listillo,- respondió Judy. La imagen de Judy era impresionante. Su figura entallada, su aire altanero y su ceja partida, hacían de ella una visión provocativa y elegante a la vez.
-Que las damiselas se anden con cuidado, la señorita Casanova viene con ganas de guerra.
-¡Judy! Madre mía, estás impresionante, pensé que ya no vendrías, no me respondiste ayer.- Sofía lo dijo mientras le hacía un gesto a Jack para que le sirviera una copa a Judy.
Judy miró de reojo a Jack.
-¿Por qué no vas disfrazado? Es tu fiesta y es tu bar,....
-A ratos me pongo un antifaz, atender la barra no me permite mucho más.
La noche prometía ser divertida. El alcohol corría, la gente bailaba,.... Una gran fiesta. Hacia las doce comenzó a tocar un grupo de música tradicional. Unas cuantas chicas, vestidas de hadas del bosque comenzaron a bailar step dance al ritmo de los tambores y las gaitas. Se fueron uniendo más parejas de baile al centro, entre ellas Judy con una chica pelirroja, de ojos marrones y cara angelical, vestida de Artemisa. Repetían los pasos básicos del step dance cogidas de las manos. Jack sacó a bailar a Sofía.
-No, por favor,.... Hace mil años que no bailo, desde el colegio,.....
-Venga mujer, eso nunca se olvida.
Sofía se lanzó a los brazos de Jack y bailaron. Durante un momento, se miraron sonriendo. A Sofía le pareció que la música ya no sonaba. Y entonces, cuando las gaitas cambiaron de tono y ritmo, apareció una mujer vestida de Mata Hari que se interpuso entre los dos separándolos.
-Lo siento, querida, pero esta giga la baila conmigo, me la debe. Era Alice. Por qué estaba Alice allí, se suponía que ya no estaban juntos. De pronto Sofía se sintió fuera de lugar, allí parada mientras todos bailaban y aplaudían a su alrededor. Se sintió pequeña e invisible. Se acercó a la barra, se bebió lo que le quedaba de vino y se dirigió hacia la puerta. Se fue. En qué cabeza entraba que podría volver a tener algo con Jack, qué estúpida que imbécil. Se fue caminando bajo el frío, sin rumbo fijo.
-Jack, ¿Dónde está Sofía?,- preguntó Judy.
-No lo sé, hace rato que no la veo, estará por ahí, en el baño,...
Judy era algo así como medio bruja, pero no hacía falta ser muy lista para encajar las piezas. Estaba Jack, estaba Sofía, aparece Alice. Jack sigue estando, Sofía desaparece. No pudo evitar preocuparse por ella, pero no quiso darle mayor importancia.
-Soy Shannon, ¿Nos tomamos algo o vas a seguir ignorándome?,- dijo la pelirroja mientras levantaba con suavidad el antifaz negro de Judy y se acercaba a cara.
-Pide lo que quieras, y otro de lo mismo para mí,- respondió Judy. En su mente estaba Sofía, le costaba mucho dejar de pensar en ella pero por alguna razón, delante de sus narices había una mujer espectacular, con su pelo de fuego vestida de diosa y que ´buscaba continuamente su atención. Decidió dejarse llevar hasta que su corazón aguantase, vería sus límites y en cuanto sus heridas volvieran a sangrar, despediría a Shannon con un 'hasta nunca' disfrazado de un 'ya te llamaré'. Y efectivamente, se dejó llevar. Medio hora más tarde estaban en el coche de Shannon, con su cabeza metida entre sus piernas, bajo su túnica griega,....
-Señorita Casanova,- gemía Shannon,...
Ya por la mañana, Sofía seguía vagando por el puerto, con la peluca en la mano, el maquillaje corrido y la desilusión por bandera. Alice se duchaba en casa de Jack, con Jack y era domingo. Llovía.
De rosas y vides
Literatura para los sentidos, para el corazón, para ruborizarte, para encandalizarte... O no,...
lunes, 28 de mayo de 2018
lunes, 19 de marzo de 2018
16 LAGARTA
El jefe de Sofía pretendía que la exposición se inaugurase fechas próximas a carnaval, por lo tanto, eso significaba que Sofía estaba de trabajo hasta las cejas. Ella y todo el departamento. Las cosas con Judy estaban mejor, pero aún estaba muy distante. A su vuelta de Shadowshore había recibido un paquete de Hassan. Era su agenda, la cual había quedado olvidada en medio de aquella vorágine sexual. La agenda traía una nota; 'Gracias a este despiste ahora sé cuando verte, por favor, responde mis mensajes'. '¿Verme?', pensó Sofía. Y una mierda. Debajo de la agenda estaba el pañuelo que Hassan le había puesto de turbante mientras follaban. Aún olía a champán.
Eran las siete de la tarde y se fue del trabajo con más trabajo para terminar en casa. Pasó por delante del pub y se animó a entrar. Se dejó caer en una banqueta de la barra acomodando su bolso, su portafolios de cuero y su móvil.
-Tienes cara de cansada.- Jack se presentaba ante ella tan educado y amable como siempre.
-Lo estoy, ponme un café y un vaso de agua, por favor.
-¿Quieres tarta de zanahoria? Está hecha de hace un par de horas.
-No, no me apetece mucho.
Jack se dio la vuelta para ponerle el café.
-¿Qué tal con Alice? Supongo que genial,..- preguntó Sofía.
-Bien, muy bien. Los dos vamos con pies de plomo pero muy bien. No, es mentira. No va bien, porque lo hemos dejado.
-Si no quieres hablar de ello no lo hagas, sólo tenía curiosidad.
-No importa. Teníamos mucha química pero no estamos en la misma sintonía. Yo busco estabilidad y ella busca de todo menos eso. Pero seguimos hablando.
-Ya. Bueno, siento que no fuera bien.
Era mentira. Se alegraba de su desgracia. De que no hubiera ninguna Alice en su vida, ni Alice ni nadie. De pronto, se sintió como una lagarta, una zorra mala.
-La semana que viene voy a hacer una fiesta de carnaval aquí en el pub, una fiesta de máscaras. Vente, será divertido.
-Sí, he visto el cartel, tiene muy buena pinta, pero yo estoy de trabajo hasta arriba, no creo que venga.
-No seas tonta, es el sábado, date un respiro.- Jack le sonreía animándola.
-Bueno, quizá venga, a ver si convenzo a Judy también.
-Es obligatorio el disfraz y la máscara o un antifaz, lo que más te guste, además habrá premios a los mejores disfraces.
-No me gusta disfrazarme, pero improvisaré algo.
-Genial,- dijo Jack.
Más tarde en casa, pensó en un disfraz. Máscaras venecianas, sábado noche, Jack sin pareja,..... Empezó a pensar mal de sí misma, muy mal,....
Juls, 19 de marzo de 2018
Eran las siete de la tarde y se fue del trabajo con más trabajo para terminar en casa. Pasó por delante del pub y se animó a entrar. Se dejó caer en una banqueta de la barra acomodando su bolso, su portafolios de cuero y su móvil.
-Tienes cara de cansada.- Jack se presentaba ante ella tan educado y amable como siempre.
-Lo estoy, ponme un café y un vaso de agua, por favor.
-¿Quieres tarta de zanahoria? Está hecha de hace un par de horas.
-No, no me apetece mucho.
Jack se dio la vuelta para ponerle el café.
-¿Qué tal con Alice? Supongo que genial,..- preguntó Sofía.
-Bien, muy bien. Los dos vamos con pies de plomo pero muy bien. No, es mentira. No va bien, porque lo hemos dejado.
-Si no quieres hablar de ello no lo hagas, sólo tenía curiosidad.
-No importa. Teníamos mucha química pero no estamos en la misma sintonía. Yo busco estabilidad y ella busca de todo menos eso. Pero seguimos hablando.
-Ya. Bueno, siento que no fuera bien.
Era mentira. Se alegraba de su desgracia. De que no hubiera ninguna Alice en su vida, ni Alice ni nadie. De pronto, se sintió como una lagarta, una zorra mala.
-La semana que viene voy a hacer una fiesta de carnaval aquí en el pub, una fiesta de máscaras. Vente, será divertido.
-Sí, he visto el cartel, tiene muy buena pinta, pero yo estoy de trabajo hasta arriba, no creo que venga.
-No seas tonta, es el sábado, date un respiro.- Jack le sonreía animándola.
-Bueno, quizá venga, a ver si convenzo a Judy también.
-Es obligatorio el disfraz y la máscara o un antifaz, lo que más te guste, además habrá premios a los mejores disfraces.
-No me gusta disfrazarme, pero improvisaré algo.
-Genial,- dijo Jack.
Más tarde en casa, pensó en un disfraz. Máscaras venecianas, sábado noche, Jack sin pareja,..... Empezó a pensar mal de sí misma, muy mal,....
Juls, 19 de marzo de 2018
domingo, 25 de febrero de 2018
15 MAGRITTE
Sofía estaba sentada en la mesa de su oficina examinando un catálogo de pintura vanguardista. Su misión esa mañana consistía en elegir una serie de cuadros para la próxima exposición de la galería para la que trabajaba su empresa. Llevaba dos semanas trabajando como una mula porque eso era lo único que le hacía olvidar la ausencia de Judy. Dos semanas sin una respuesta, sin un mensaje, una llamada, algo que le dijese que estaba bien. Y sin embargo, no hacía más que recibir ramos mails desde Estambul, de Hassan. Cada vez que Sofía se acordaba de su tórrido encuentro sexual con él, casi le daban escalofríos. Podía recordar el champán cayendo sobre su cuerpo mientras él se los bebía a los dos; al champán y a ella. Tenía más de veinte mails de Hassan en su correo pero no era capaz de contestar ninguno. Habían follado y se habían corrido mutuamente casi hasta el desgate, en un hotel de cinco estrellas en Estambul, como si de una novela erótica a la antigua usanza se tratara. Él se había encandilado de ella pero ella,...... Sencillamente, la ponía cachonda, pero y qué. Había una distancia muy grande entre los dos en todos los sentidos. Resopló y se dejó caer en el respaldo de su silla mirando por la ventana, sin ver nada. Mirando sin más. Otro follamigo, pensó. Magnífico amante, magnífico 'nada'. Apagó el ordenador y se fue de la oficina fingiendo un malestar generalizado que la obligaba a marcharse a casa. Se llevó el catálogo de pintura y se encaminó al pub. Con un café, marcaba las obras que le interesaban. Se fijó en una en especial. 'El beso' de Magritte. Un hombre y una mujer se besan con el rostro velado con una tela. De pronto pensó en Judy.
-¿Dígame?,- respondió una voz masculina al otro del teléfono. Era el padre de Judy.
-Soy Sofía ¿Cómo estáis?
-Hola Sofi, muy bien. ¿Y tú?
-Querría hablar con Judy, supongo que estará por ahí.
-No, no está. Está en casa de su abuela, pero no se ha llevado el móvil. Si quieres hablar con ella tendrás que llamarla allí.
Los acantilados de Shadowshore eran el lugar perfecto para evadirse del mundo. Judy paseaba descalza por la playa, en un día nublado y frío. Le gustaba sentir el choque de las olas en los pies, el agua fría que la espabilaba, la arena... Y allí estaba ella. Con su pelo trenzado, una caja de cervezas y algún conjunto carísimo de ropa interior. Sofía y La Perla. Se miraron durante un momento. Sofía miraba la ceja partida de Judy que aún lucía puntos de sutura, y sus manos, hinchadas y con heridas en los nudillos. Judy se desahogaba a su manera y liberaba la tensión a puñetazos.
-Te echo de menos amiga. No necesito que me des ningún tipo de explicación, sólo quiero que estés bien,- dijo Sofía.
Silencio.
-No lo estoy Sofía, no estoy bien. Esto se me ha ido de las manos, nunca debiste enterarte.
-Pero me he enterado y no podía callármelo.
-¿Y cómo crees que me siento yo? No sé cómo mirarte a la cara, ni qué decirte. Se supone que esto no debía haber pasado.- Judy comenzaba a alterarse.
-No tiene nada de malo, Judy, nadie elige de quien se enamora.
Judy comenzó a llorar.
-Eso es cierto, pero no tienes ni la menor idea de lo que me duele esto. Me duele tenerte cerca.... Pero somos amigas, siempre lo seremos. Algún día me despertaré y seré feliz porque te habré olvidado.
Aquellas palabras se clavaron en Sofía como cristales bajo los pies y también se puso a llorar.
-Pero yo no quiero que salgas de mi vida, Judy, eso no, jamás. Y ahora quiero que nos sentemos y que nos tomemos una puta cerveza porque he venido aquí para eso, para tomar una puta cerveza con mi amiga.... Y que me expliques por qué tienes la ceja partida,.... Macarra, que eres una macarra....
Sofía examinaba la cara de Judy entre lágrimas para cogerla y darle un abrazo de esos que son reparadores del alma.
-Le reventé la cara a Claudia por bocazas y ella a cambio, se defendió. Nada que no se solucione con una bonita cicatriz.- Judy sonreía con gesto dolorido.
-Mi jefe me dijo que había tenido un accidente y que estaba de baja,- respondió Sofía.
-Claro, yo fui su accidente,.... Y no descarto volver a serlo,.... Valiente zorra,...
Se sentaron apoyando la espalda en la pared de los acantilados y abrieron dos cervezas.
Paralelamente, llegaba un paquete a la oficina de Sofía, procedente de Turquía y La Perla sacaba su nueva colección de lencería en seda.
-¿Qué hacemos ahora Sofí?
-Báñemonos,... Hace un tiempo escpléndido,- dijo Sofía. Llevaba un rato lloviendo.
Juls, 26 de febrero de 2018
-¿Dígame?,- respondió una voz masculina al otro del teléfono. Era el padre de Judy.
-Soy Sofía ¿Cómo estáis?
-Hola Sofi, muy bien. ¿Y tú?
-Querría hablar con Judy, supongo que estará por ahí.
-No, no está. Está en casa de su abuela, pero no se ha llevado el móvil. Si quieres hablar con ella tendrás que llamarla allí.
Los acantilados de Shadowshore eran el lugar perfecto para evadirse del mundo. Judy paseaba descalza por la playa, en un día nublado y frío. Le gustaba sentir el choque de las olas en los pies, el agua fría que la espabilaba, la arena... Y allí estaba ella. Con su pelo trenzado, una caja de cervezas y algún conjunto carísimo de ropa interior. Sofía y La Perla. Se miraron durante un momento. Sofía miraba la ceja partida de Judy que aún lucía puntos de sutura, y sus manos, hinchadas y con heridas en los nudillos. Judy se desahogaba a su manera y liberaba la tensión a puñetazos.
-Te echo de menos amiga. No necesito que me des ningún tipo de explicación, sólo quiero que estés bien,- dijo Sofía.
Silencio.
-No lo estoy Sofía, no estoy bien. Esto se me ha ido de las manos, nunca debiste enterarte.
-Pero me he enterado y no podía callármelo.
-¿Y cómo crees que me siento yo? No sé cómo mirarte a la cara, ni qué decirte. Se supone que esto no debía haber pasado.- Judy comenzaba a alterarse.
-No tiene nada de malo, Judy, nadie elige de quien se enamora.
Judy comenzó a llorar.
-Eso es cierto, pero no tienes ni la menor idea de lo que me duele esto. Me duele tenerte cerca.... Pero somos amigas, siempre lo seremos. Algún día me despertaré y seré feliz porque te habré olvidado.
Aquellas palabras se clavaron en Sofía como cristales bajo los pies y también se puso a llorar.
-Pero yo no quiero que salgas de mi vida, Judy, eso no, jamás. Y ahora quiero que nos sentemos y que nos tomemos una puta cerveza porque he venido aquí para eso, para tomar una puta cerveza con mi amiga.... Y que me expliques por qué tienes la ceja partida,.... Macarra, que eres una macarra....
Sofía examinaba la cara de Judy entre lágrimas para cogerla y darle un abrazo de esos que son reparadores del alma.
-Le reventé la cara a Claudia por bocazas y ella a cambio, se defendió. Nada que no se solucione con una bonita cicatriz.- Judy sonreía con gesto dolorido.
-Mi jefe me dijo que había tenido un accidente y que estaba de baja,- respondió Sofía.
-Claro, yo fui su accidente,.... Y no descarto volver a serlo,.... Valiente zorra,...
Se sentaron apoyando la espalda en la pared de los acantilados y abrieron dos cervezas.
Paralelamente, llegaba un paquete a la oficina de Sofía, procedente de Turquía y La Perla sacaba su nueva colección de lencería en seda.
-¿Qué hacemos ahora Sofí?
-Báñemonos,... Hace un tiempo escpléndido,- dijo Sofía. Llevaba un rato lloviendo.
Juls, 26 de febrero de 2018
lunes, 19 de febrero de 2018
14 ODALISCA
Ilustración por @_jc.shop
La vida daba muchas vueltas y Sofía empezaba a marearse. Echaba la vista atrás y en cuestión de dos meses los acontecimientos se habían precipitado sobre ella como un viento voraginoso que todo lo arrasa a su paso. Martin había vuelto a su vida no sabía muy bien de qué manera, Jack, después de muchos años con ella, sin saber tampoco de qué manera, se había ido porque al parecer estaba apostando por una nueva relación, una que parecía de verdad, y Judy, su mejor amiga, su hermana, su madre cuando la necesitaba como tal,...... Sin saber muy bien por qué, tenía unos sentimientos hacia ella que iban más allá de la amistad. Se preguntaba cómo había podido pasar algo así. No era nada malo, por qué iba serlo. Pero ahora Judy estaba ausente desde el sábado. Salió de su casa como una exhalación y una semana después no daba señales de vida. Se enteró por su jefe que Claudia estaba de baja, al parecer había tenido un accidente y tenía la cara hecha un ecce homo. No dio muchas explicaciones.
Volvió a escribir a Judy, por enésima vez. 'Judy, contéstame, por favor, necesito hablar contigo. No sé nada de ti, espero que estés bien. Estaré en el pub al salir de trabajar, por si quieres pasarte. Por favor, escríbeme o llámame.' Pero a Judy se le había tragado la tierra.
-Sofía, necesito que viajes a Estambul, pasado mañana. Charlie ya tiene tus billetes y la documentación necesaria.- Su jefe le hablaba pero ella tenía la cabeza en otro sitio.
-Sofía,... ¿Me estás escuchando?
-¿No puede enviar a nadie más a ese viaje? No hablo turco.- Sofía dijo aquello con cara de pena, a ver si colaba. Era cierto que no hablaba turco pero no tenía ganas de viajar a ningún sitio; tenía la sensación de que si se iba, Judy podría aparecer en cualquier momento y ella no estaría allí.
-Sí, pero no quiero que vaya nadie más.
Y ahí estaba Sofía, subida en un avión camino de Estambul. La rutina era la misma de siempre; coger el equipaje, ir al hotel, preparar la reunión,... Lo de siempre. Al llegar al hotel la estaba esperando Hassan ben Alhmud, su intérprete y ayudante el tiempo que estuviera allí. Era un hombre que no pasaba desapercibido; alto, atractivo, con una barba de días perfectamente arreglada, traje de chaqueta con chaleco y corbata. Parecía sacado de un catálogo alta costura.
-Señorita Collíns, bienvenida a Estambul. Hemos tenido un problema con su reserva y hemos decidido que se aloje en la suite del ático, le ruego nos disculpe,- dijo Hassan cortésmente. Estaba en un hotel de cinco estrellas, en la zona del palacio de Topkapi, iba a dormir en una de las mejores habitaciones del hotel y todo a costa de su empresa. Menos mal que se estaban disculpando. A Sofía casi le daba la risa.
Miraba el teléfono continuamente, esperando alguna señal de Judy pero nada. Bajó a cenar y se sentó en una mesa junto a una fuente. Llegado el postre apareció Hassan.
-Buenas noches, señorita Collins. ¿Está todo de su agrado?
-Todo es perfecto, muchas gracias.
-Le traigo un mensaje sobre la reunión de mañana. Se retrasará hasta después de comer, así que, me he permitido la licencia de prepararle un tour por el complejo de Topkapi y las grandes mezquitas. No es necesario que todo sea trabajo.
-Bueno, no es que tenga muchas ganas de salir, pero sería un crimen que quedarme aquí encerrada.
-Perfecto, mañana a las ocho nos recogerá un coche para visitar la ciudad.
Madrugar, para hacer turismo, no quedaba otra. Sofía se fue un momento al baño, se miró en el espejo del tocador y se reconoció a sí misma que aquel hombre la ponía muy nerviosa. Estaba demasiado bueno, era demasiado guapo para mantenerle la mirada. Lo mejor sería subir a la habitación y ver la tele hasta quedarse dormida.
-Creo que me voy a retirar, estoy un poco cansada.
-Por supuesto. Mañana nos vemos.
Eran más de las doce y llamaron a la puerta de la suite.
-Soy Hassan, se dejó la agenda en la mesa del restaurante.
Sofía abrió la puerta. Llevaba una bata gris perla con ribetes blancos, con el cinturón anudado en su cintura marcando su figura.
-Vaya, muchas gracias. La verdad es que ni me acordaba de ella, la habría echado de menos mañana.
-¿Está contenta con la habitación?
-Claro, por supuesto, es perfecta, muchas gracias,- respondió ella. Menuda conversación más absurda, pensaba Sofía. Había una tensión sexual no resuelta desde el primer momento en que se habían conocido en vestíbulo del hotel. Hassan la ponía bruta, despertaba sus instintos más salvajes y parecía que él pensaba lo mismo.
-O coge la agenda, o me la llevo y me voy, o paso y le quito la bata. Señorita Collins.
Las palabras de Hassan resonaron en los oídos de Sofía dejando caer un escalofrío por su espalda. Sofía se acercó a la boca de Hassan, y casi rozando sus labios le dio una respuesta.
-Tengo champán y la bata es de satén.
Diez minutos después follaban contra la pared del salón principal de la suite. No hubo tiempo para nada más, solo follar. Tener sexo por el sexo, sin más. Tras el primer orgasmo, Hassan le puso a Sofía un turbante, al estilo de las odaliscas de Ingres. Enfundó su melena en pañuelo largo, con borlas doradas y un dibujo típico de Turquía. Derramó sobre ella su copa de Champán dejando que el líquido mojara sus pechos y se fuera perdiendo hasta su bajo vientre. Ella estaba sobre él a horcajadas. La penetró con los dedos mientras lamía el champán de sus pezones. Sofía se arqueaba hacia atrás buscando más. La suite se llenó de orgasmos y palpitaciones, de sábanas mojadas de champán de batas de satén por el suelo y de los roncos gemidos de Hassan corriéndose en brazos de su odalisca. Hassan se metió en la ducha y Sofía se quedaba dormida con el turbante, sobre la cama empapada. Ninguno de los dos reparó en que la agenda estaba tirada en el suelo del pasillo, fuera de la habitación.
Juls, 19 de febrero de 2018
domingo, 18 de febrero de 2018
13 CEJA PARTIDA
Claudia regresó en el vuelo de las diez de la noche, y mientras lo hacía, Sofía intentaba digerir la conversación que habían mantenido con ella. En aquel momento pensó que aquello era producto de un mal sueño, un guión escrito apresuradamente, donde no se habían tenido en cuenta las faltas, las erratas y mucho menos la coherencia y la cohesión del contenido. En definitiva, una mierda muy gorda. Decidió que lo mejor era no pensar en ello, dejarlo pasar y que el tiempo pusiera todo en su sitio. El problema era que Sofía no podía dejar de pensar en ello, cómo iba a hacerlo,..... Cómo iba a mirarla a la cara cuando la viera,... El móvil comenzó a sonar.
-Sofía, qué tal por Roma. Tengo algo para ti.- Su jefe hizo que durante un momento Sofía volviera a la tierra.
-La reunión ha sido,.... Un coñazo muy gordo y no se ha llegado a ningún acuerdo. Dicen que la aseguradora no va a cubrir el traslado del Monet, que deberíamos haberlos informado de que teníamos obras de semejante importancia y bla, bla, bla,.... Total, no sé para qué he venido. Por cierto,.... No me dijiste que habías enviado a una traductora,...
-Sí, y luego recordé que hablabas italiano. Pero la envié pensando en los peces gordos más que en ti.
-Jefe,- preguntó Sofía. -¿Cuánto tiempo hace que Claudia trabaja con nosotros?
-No lo sé, bastante, unos diez años o así, ¿Por qué?
-Por nada, es que resulta que la conozco, tenemos una amiga en común.
Durante el vuelo de vuelta se dio cuenta de que el sábado tenía una celebración familiar y que había quedado con Judy para que la peinara. Nadie hacía recogidos como los hacía ella. Optó por guardar silencio, un silencio sepulcral. Cuando la viera le daría un beso y un abrazo, porque eso es lo que hacen las amigas, eso, salir a tomar algo, quererse, cuidarse y seguir siendo amigas. Hasta que llegó el sábado. Judy apareció por su casa con un maletín repleto de maquillaje, horquillas y peines para convertir a Sofía en la reina de la fiesta.
-He hecho café, ponte uno si quieres, y otro para mí.
-¿Y qué tal en Roma? Espero que me lleves algún día,....- Judy comenzó a trenzar el pelo de Sofía para hacerle un recogido.
-Roma siempre está bien, pero trabajando no se disfruta.- Judy sujeta el pelo con una mano y con la otra bebe café. Silencio. Mucho silencio.
-Judy, lo sé todo. Claudia estaba allí y estuvimos hablando. De lo vuestro, de por qué dejasteis de veros, de ti,...
Silencio. Las manos de Judy dejaron caer la trenza que se fue deshaciendo sola.
-De mí,...- Judy lo preguntó con muy seria, apretando los puños con fuerza, los nudillos estaban blancos.
-Judy, no sé qué decirte, sólo que yo,....-
-Sólo que tú nada,- interrumpió Judy. Te dejo ahí las cosas para que puedas peinarte.
-Judy no te vayas, por favor, no pasa nada, de verdad,....
-Sí que pasa, y mucho,....
-Ni siquiera sabía que trabajaba en mi empresa, nos pusimos a hablar y ella me dijo que,....
-¡No me interesa lo que te dijera esa zorra!
-¡Judy, por favor, espera!
Pero Judy no esperó. Salió dando un portazo con lágrimas en los ojos, llena de rabia y de pena a la vez. Fue derecha al Freedom porque sabía que allí estaría Claudia, y así fue. Sentada en una mesa con unos amigos.
-¡Hija de la grandísima puta!,- gritó Judy al localizarla.
Un segundo después las gafas de Claudia se estrellaban contra el suelo, a Judy le sangraba una ceja y Sofía lloraba sin saber qué hacer en su casa con una trenza a medio deshecha.
Juls, 18 de febrero de 2018
-Sofía, qué tal por Roma. Tengo algo para ti.- Su jefe hizo que durante un momento Sofía volviera a la tierra.
-La reunión ha sido,.... Un coñazo muy gordo y no se ha llegado a ningún acuerdo. Dicen que la aseguradora no va a cubrir el traslado del Monet, que deberíamos haberlos informado de que teníamos obras de semejante importancia y bla, bla, bla,.... Total, no sé para qué he venido. Por cierto,.... No me dijiste que habías enviado a una traductora,...
-Sí, y luego recordé que hablabas italiano. Pero la envié pensando en los peces gordos más que en ti.
-Jefe,- preguntó Sofía. -¿Cuánto tiempo hace que Claudia trabaja con nosotros?
-No lo sé, bastante, unos diez años o así, ¿Por qué?
-Por nada, es que resulta que la conozco, tenemos una amiga en común.
Durante el vuelo de vuelta se dio cuenta de que el sábado tenía una celebración familiar y que había quedado con Judy para que la peinara. Nadie hacía recogidos como los hacía ella. Optó por guardar silencio, un silencio sepulcral. Cuando la viera le daría un beso y un abrazo, porque eso es lo que hacen las amigas, eso, salir a tomar algo, quererse, cuidarse y seguir siendo amigas. Hasta que llegó el sábado. Judy apareció por su casa con un maletín repleto de maquillaje, horquillas y peines para convertir a Sofía en la reina de la fiesta.
-He hecho café, ponte uno si quieres, y otro para mí.
-¿Y qué tal en Roma? Espero que me lleves algún día,....- Judy comenzó a trenzar el pelo de Sofía para hacerle un recogido.
-Roma siempre está bien, pero trabajando no se disfruta.- Judy sujeta el pelo con una mano y con la otra bebe café. Silencio. Mucho silencio.
-Judy, lo sé todo. Claudia estaba allí y estuvimos hablando. De lo vuestro, de por qué dejasteis de veros, de ti,...
Silencio. Las manos de Judy dejaron caer la trenza que se fue deshaciendo sola.
-De mí,...- Judy lo preguntó con muy seria, apretando los puños con fuerza, los nudillos estaban blancos.
-Judy, no sé qué decirte, sólo que yo,....-
-Sólo que tú nada,- interrumpió Judy. Te dejo ahí las cosas para que puedas peinarte.
-Judy no te vayas, por favor, no pasa nada, de verdad,....
-Sí que pasa, y mucho,....
-Ni siquiera sabía que trabajaba en mi empresa, nos pusimos a hablar y ella me dijo que,....
-¡No me interesa lo que te dijera esa zorra!
-¡Judy, por favor, espera!
Pero Judy no esperó. Salió dando un portazo con lágrimas en los ojos, llena de rabia y de pena a la vez. Fue derecha al Freedom porque sabía que allí estaría Claudia, y así fue. Sentada en una mesa con unos amigos.
-¡Hija de la grandísima puta!,- gritó Judy al localizarla.
Un segundo después las gafas de Claudia se estrellaban contra el suelo, a Judy le sangraba una ceja y Sofía lloraba sin saber qué hacer en su casa con una trenza a medio deshecha.
Juls, 18 de febrero de 2018
martes, 13 de febrero de 2018
12 COINCIDENCIAS
El teatro era uno de espectáculos que le encantaban a Sofía. No iba mucho pero cuando lo hacía, era algo especial, le encantaba. Las entradas que le había regalado su jefe situaba su butaca en la platea alta, no se podía quejar. Y como prometió Judy, allí estaba, con ella, aguantando un dramón universal, de un autor universal, con su amiga universal.
Acto segundo, escena segunda; la escena del balcón. Sofía sintió un escalofrío en el cuerpo en el momento en el Romeo escalaba hasta Julieta. Era teatro, pero quién no había fantaseado alguna vez con que alguien te declaraba su amor de aquella manera. Escena en la que Romeo tiene que irse porque ha sido desterrado y debe dejar a Julieta tras consumar su noche de bodas a escondidas. Sofía pensaba en lo duro que era separarse de la persona amada; saber que no puedes hacer nada al respecto y que la separación es lo que hay, sin más. De pronto, se acordó de Jack. Tenía que reconocerlo, lo echaba de menos, mucho. Muchísimo. Y ya, ni siquiera la llamaba. Le dolía. Se concentró en la obra. La tragedia sobre el escenario iba avanzando sin frenos hacia la destrucción total de los amantes.
Escena en el panteón de los Capuleto; Romeo creé muerta a su amada. Toda la obra era un cúmulo de circunstancias y despropósitos. Las familias nunca tendrían un final feliz, los amantes jamás tendrían un final feliz. Un final feliz. Sofía reflexionó sobre aquello. Ella nunca había tenía un final feliz con nadie. Muchos rollos, muchos pretendientes, mucha cama, ninguna historia de amor real, de las de verdad, ningún hombre que fuera capaz de escalar hasta el balcón de su alma sin que saliera huyendo. Si ella fuera Julieta, habría muerto del aburrimiento esperando a que alguien viniera a despertarla y le dijera que todo estaba bien. Nadie le había dicho 'te quiero'. No se trataba de idealizar el amor, se trataba de dar sentido de la realidad al amor. Se le escapó una lágrima furtiva por la mejilla en el momento en el que el narrador culminaba la historia de los dos amantes. Sofía se deshizo en aplausos y Judy no fue menos. Salieron del teatro y fueron al Freedom a picotear algo.
-Has llorado. Eres una blandengue. En realidad somos dos blandengues. Antes de que des la paliza ya te lo reconozco yo; me ha gustado mucho y hasta me ha emocionado.- Judy dijo aquello esperando alguna reacción de Sofía al respecto pero no fue así.
-Perdona, no te estaba escuchando. ¿Qué decías?,- preguntó Sofía.
-Venga, va. A ti nadie te distrae de un clásico. Qué te pasa,- respondió Judy.
-Nada, es que estoy un poco cansada, mañana salgo para Roma y no tengo hecha la maleta.
-Ya. Es terrible. Yo, que tú, me iba corriendo a casa a hacerla, no vaya a ser que una maleta para dos días se convierta en la mochila del último superviviente. Madre mía, vete ya, que me pongo mala de verte aquí tan parada,..... A ver si vas a perder el avión....
-Estás muy graciosa tú, ¿No? Me encanta ese punto tuyo de ironía que me hace sentir tan ridícula.- Sofía le dio un manotazo en el hombro a Judy.
-¡Ay! Y tú estás muy puta tonta y yo no te digo nada. Que te has pasado todo la obra sorbiéndote los mocos de llorar, que te crees que no me he dado cuenta.
-Estoy muy sensible, eso es todo.
-Puta tonta, lo que yo decía.
El avión salía a las diez de la mañana y aterrizaba en Fiumiccino dos horas y cuarto después. Sofía se había pasado todo el trayecto dándole vueltas a lo mismo. Una vez en el hotel, dejó su maleta, se aseó un poco y bajó a la reunión que tenía con el gerente de su empresa en Roma. Tenía tantas ganas de ir a esa reunión como de echar a correr. Si no se liaba la cosa, podría salir a pasear. Pero se lió. Vaya si se lió.
-¿Claudia?- se sorprendió Sofía. -¿Qué haces aquí?
-Soy la intérprete, o mejor dicho, tu intérprete. Menuda coincidencia. ¿Judy no te dijo nada?
-No, de hecho no tenía ni idea de que trabajáramos en la misma empresa. Pero yo hablo italiano,- contestó Sofía.
-Jajajajajaja bueno, me lo pagan igual, habla lo que quieras.
-Tengo que llamar a Judy y contárselo, el mundo es un pañuelo,- dijo Sofía.
-Mejor no, si no te importa prefiero que no la llames.
-Perdona, lo vuestro aún es muy reciente, soy una desconsiderada.- Claudia puso una cara muy rara.
-¿Lo nuestro? Judy no te ha dicho nada de por qué hemos dejado de vernos, ¿Verdad?,- preguntó Claudia.
-No, la vi un poco afectada y tampoco quise preguntar mucho. Pero tranquila, que a ti tampoco te voy interrogar. Bueno, vamos a trabajar, que quiero tomarme un helado en la plaza Navona.
-Me tomaré contigo ese helado y te aclararé por qué Judy y yo nos hemos dejado.
Las dos entraron en la reunión y tres larguísimas horas después, Claudia y Sofía estaban en una terraza frente a la iglesia de Santa Inés en la plaza Navona, con un helado de chocolate. Sofía no daba crédito a lo que Claudia le estaba contando. Ni siquiera pudo acabarse el helado.
Juls, 3 de febrero de 2018
Acto segundo, escena segunda; la escena del balcón. Sofía sintió un escalofrío en el cuerpo en el momento en el Romeo escalaba hasta Julieta. Era teatro, pero quién no había fantaseado alguna vez con que alguien te declaraba su amor de aquella manera. Escena en la que Romeo tiene que irse porque ha sido desterrado y debe dejar a Julieta tras consumar su noche de bodas a escondidas. Sofía pensaba en lo duro que era separarse de la persona amada; saber que no puedes hacer nada al respecto y que la separación es lo que hay, sin más. De pronto, se acordó de Jack. Tenía que reconocerlo, lo echaba de menos, mucho. Muchísimo. Y ya, ni siquiera la llamaba. Le dolía. Se concentró en la obra. La tragedia sobre el escenario iba avanzando sin frenos hacia la destrucción total de los amantes.
Escena en el panteón de los Capuleto; Romeo creé muerta a su amada. Toda la obra era un cúmulo de circunstancias y despropósitos. Las familias nunca tendrían un final feliz, los amantes jamás tendrían un final feliz. Un final feliz. Sofía reflexionó sobre aquello. Ella nunca había tenía un final feliz con nadie. Muchos rollos, muchos pretendientes, mucha cama, ninguna historia de amor real, de las de verdad, ningún hombre que fuera capaz de escalar hasta el balcón de su alma sin que saliera huyendo. Si ella fuera Julieta, habría muerto del aburrimiento esperando a que alguien viniera a despertarla y le dijera que todo estaba bien. Nadie le había dicho 'te quiero'. No se trataba de idealizar el amor, se trataba de dar sentido de la realidad al amor. Se le escapó una lágrima furtiva por la mejilla en el momento en el que el narrador culminaba la historia de los dos amantes. Sofía se deshizo en aplausos y Judy no fue menos. Salieron del teatro y fueron al Freedom a picotear algo.
-Has llorado. Eres una blandengue. En realidad somos dos blandengues. Antes de que des la paliza ya te lo reconozco yo; me ha gustado mucho y hasta me ha emocionado.- Judy dijo aquello esperando alguna reacción de Sofía al respecto pero no fue así.
-Perdona, no te estaba escuchando. ¿Qué decías?,- preguntó Sofía.
-Venga, va. A ti nadie te distrae de un clásico. Qué te pasa,- respondió Judy.
-Nada, es que estoy un poco cansada, mañana salgo para Roma y no tengo hecha la maleta.
-Ya. Es terrible. Yo, que tú, me iba corriendo a casa a hacerla, no vaya a ser que una maleta para dos días se convierta en la mochila del último superviviente. Madre mía, vete ya, que me pongo mala de verte aquí tan parada,..... A ver si vas a perder el avión....
-Estás muy graciosa tú, ¿No? Me encanta ese punto tuyo de ironía que me hace sentir tan ridícula.- Sofía le dio un manotazo en el hombro a Judy.
-¡Ay! Y tú estás muy puta tonta y yo no te digo nada. Que te has pasado todo la obra sorbiéndote los mocos de llorar, que te crees que no me he dado cuenta.
-Estoy muy sensible, eso es todo.
-Puta tonta, lo que yo decía.
El avión salía a las diez de la mañana y aterrizaba en Fiumiccino dos horas y cuarto después. Sofía se había pasado todo el trayecto dándole vueltas a lo mismo. Una vez en el hotel, dejó su maleta, se aseó un poco y bajó a la reunión que tenía con el gerente de su empresa en Roma. Tenía tantas ganas de ir a esa reunión como de echar a correr. Si no se liaba la cosa, podría salir a pasear. Pero se lió. Vaya si se lió.
-¿Claudia?- se sorprendió Sofía. -¿Qué haces aquí?
-Soy la intérprete, o mejor dicho, tu intérprete. Menuda coincidencia. ¿Judy no te dijo nada?
-No, de hecho no tenía ni idea de que trabajáramos en la misma empresa. Pero yo hablo italiano,- contestó Sofía.
-Jajajajajaja bueno, me lo pagan igual, habla lo que quieras.
-Tengo que llamar a Judy y contárselo, el mundo es un pañuelo,- dijo Sofía.
-Mejor no, si no te importa prefiero que no la llames.
-Perdona, lo vuestro aún es muy reciente, soy una desconsiderada.- Claudia puso una cara muy rara.
-¿Lo nuestro? Judy no te ha dicho nada de por qué hemos dejado de vernos, ¿Verdad?,- preguntó Claudia.
-No, la vi un poco afectada y tampoco quise preguntar mucho. Pero tranquila, que a ti tampoco te voy interrogar. Bueno, vamos a trabajar, que quiero tomarme un helado en la plaza Navona.
-Me tomaré contigo ese helado y te aclararé por qué Judy y yo nos hemos dejado.
Las dos entraron en la reunión y tres larguísimas horas después, Claudia y Sofía estaban en una terraza frente a la iglesia de Santa Inés en la plaza Navona, con un helado de chocolate. Sofía no daba crédito a lo que Claudia le estaba contando. Ni siquiera pudo acabarse el helado.
Juls, 3 de febrero de 2018
domingo, 4 de febrero de 2018
11 INGLESES
Judy compró unos trescientos gramos de platanitos de azúcar y una tarrina grande de helado de chocolate negro y nueces. La cantidad desorbitada de calorías que ingirieron ese día estuvo acompañada de películas de los Monty Python, concretamente La vida de Brian y El sentido de la vida, y cuando el humor inglés dejó de ser suficiente, buscaron aún más humor inglés con sketches de Mr. Bean. Nada de venirse abajo viendo películas románticas de esas que se te atragantan para siempre haciendo que tu listón en el amor esté tan alto, que lejos de consolar, te hunde aún más en la miseria. Nada de películas pastelosas que te emocionan y te hacen llorar imaginando cómo sería tu vida si tu pareja fuera alguien tan perfecto y con historias tan perfectas como las esas películas. Llegados a este punto sólo quedaba una opción; desahogarse y continuar con la saga de Star Wars. El amor estaba sobrevalorado al lado del lado oscuro de la fuerza.
-Sofía,.... Te has comido lo que quedaba de helado, no me has dejado ni siquiera una nuez.
-Casi no quedaba nada, hombre,... Ya te compraré más. Oye, por cierto, ¿Te apetece venirte conmigo al teatro? Mi jefe me ha regalado dos entradas para ver 'Romeo y Julieta', como se las regalan le sobran. Son para dentro de dos semanas.
Judy la miró haciendo una mueca muy rara con la cara.
-¿'Romeo y Julieta'? Jajajajaajaja me matas,- dijo Judy.
-¿Qué tiene de malo? Es la obra del amor por excelencia, es Shakespeare....
-Vamos a ver, puta tonta. Si yo fuera Julieta, no querría que Romeo fuera matando gente de mi familia por ahí para luego tener que salir huyendo con un remordimiento de conciencia a sus espaldas, porque claro, es mi familia. No querida, matar gente de la familia de tu chica está feo. Y por si eso fuera poco, yo me hago la muerta para librarme de una boda por conveniencia, porque claro, ya me he casado en secreto con Romeo, y la bigamia también está fea. Y para rematar, el pobre no sabe que es mentira todo y va y se suicida, y yo, que soy igual de lerda digo, ay, que te has matado por mí, que bonito y que romántico todo, yo también me mato contigo.
-Jajajajajajajajaja Pero tú estás fatal, tía,.... Jajajajajajaa.- Sofía se retorcía de la risa escuchando a Judy.
-Sí, estoy fatal, pero para ser la obra del amor por excelencia, es un auténtico drama. ¿Dónde está la felicidad de los amantes si mueren todos, incluidos ellos dos? Ah, y en tres o cuatro días, que digo yo que igual tenían prisa. ¿No tienes entradas para el club de la comedia, algún musical o algo así?
-Pues no, guapa. Encima de que me las regalan no protestes.- Sofía hizo ese comentario tirándole un platanito.
-Venga, va. Voy contigo, tampoco tengo mucho que hacer.
-¿Y Claudia?,- preguntó Sofía, y a Judy se le borró la sonrisa.
-Claudia y yo tampoco vamos a vernos más. Prefiero no hablar de ello. Somos amigas y estamos bien, eso es todo.
-Yo pensaba que estabais bien,...
-No, de hecho lo estropeé yo, para variar. Como te he dicho, no quiero hablar.
Judy empezó a ponerse nerviosa. Sintió una necesidad imperiosa de confesarle a Sofía la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, pero respiró y se detuvo. La amistad se clavó en su pecho como un dardo envenenado. Tenía miedo de que Sofía se pusiera pesada y al final ella le contara lo más grande, que no era otra cosa que se había enamorado de su amiga. Semejante mierda no se había visto ni se vería jamás. En ese momento, sonó el móvil de Sofía; era Martin, qué oportuno el muchacho. Judy se despidió y se fue a su casa, aprovechando la llamada. Sofía no esperaba que Martin la llamara, y además, ella no estaba para citas con él. No hacía más que pensar en Jack. El móvil sonó de nuevo. Era su jefe para decirle que en quince días tendría que viajar para resolver un asunto de trabajo. Perfecto, pensó Sofía. Desconexión, aunque sea por trabajo. Lo anotó en la agenda; salía de viaje al día siguiente del teatro. Después de se marchó a dormir y una hora más tarde se levantó a vomitar platanitos y helado de chocolate. Agarrada a la taza del váter pensó en que Judy tenía razón. El amor estaba sobrevalorado y no se merecía que ella estuviera vomitando allí de mala manera sólo porque Jack la hubiera dejado. Había una frase de alguien que corroboraba los pensamientos de Judy con respecto del amor; si era amor del bueno, no podía tener un final, y si lo tenía, nunca sería un final feliz. Y así todo. Puto Shakespeare,...
Juls, 5 de febrero de 2018
-Sofía,.... Te has comido lo que quedaba de helado, no me has dejado ni siquiera una nuez.
-Casi no quedaba nada, hombre,... Ya te compraré más. Oye, por cierto, ¿Te apetece venirte conmigo al teatro? Mi jefe me ha regalado dos entradas para ver 'Romeo y Julieta', como se las regalan le sobran. Son para dentro de dos semanas.
Judy la miró haciendo una mueca muy rara con la cara.
-¿'Romeo y Julieta'? Jajajajaajaja me matas,- dijo Judy.
-¿Qué tiene de malo? Es la obra del amor por excelencia, es Shakespeare....
-Vamos a ver, puta tonta. Si yo fuera Julieta, no querría que Romeo fuera matando gente de mi familia por ahí para luego tener que salir huyendo con un remordimiento de conciencia a sus espaldas, porque claro, es mi familia. No querida, matar gente de la familia de tu chica está feo. Y por si eso fuera poco, yo me hago la muerta para librarme de una boda por conveniencia, porque claro, ya me he casado en secreto con Romeo, y la bigamia también está fea. Y para rematar, el pobre no sabe que es mentira todo y va y se suicida, y yo, que soy igual de lerda digo, ay, que te has matado por mí, que bonito y que romántico todo, yo también me mato contigo.
-Jajajajajajajajaja Pero tú estás fatal, tía,.... Jajajajajajaa.- Sofía se retorcía de la risa escuchando a Judy.
-Sí, estoy fatal, pero para ser la obra del amor por excelencia, es un auténtico drama. ¿Dónde está la felicidad de los amantes si mueren todos, incluidos ellos dos? Ah, y en tres o cuatro días, que digo yo que igual tenían prisa. ¿No tienes entradas para el club de la comedia, algún musical o algo así?
-Pues no, guapa. Encima de que me las regalan no protestes.- Sofía hizo ese comentario tirándole un platanito.
-Venga, va. Voy contigo, tampoco tengo mucho que hacer.
-¿Y Claudia?,- preguntó Sofía, y a Judy se le borró la sonrisa.
-Claudia y yo tampoco vamos a vernos más. Prefiero no hablar de ello. Somos amigas y estamos bien, eso es todo.
-Yo pensaba que estabais bien,...
-No, de hecho lo estropeé yo, para variar. Como te he dicho, no quiero hablar.
Judy empezó a ponerse nerviosa. Sintió una necesidad imperiosa de confesarle a Sofía la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, pero respiró y se detuvo. La amistad se clavó en su pecho como un dardo envenenado. Tenía miedo de que Sofía se pusiera pesada y al final ella le contara lo más grande, que no era otra cosa que se había enamorado de su amiga. Semejante mierda no se había visto ni se vería jamás. En ese momento, sonó el móvil de Sofía; era Martin, qué oportuno el muchacho. Judy se despidió y se fue a su casa, aprovechando la llamada. Sofía no esperaba que Martin la llamara, y además, ella no estaba para citas con él. No hacía más que pensar en Jack. El móvil sonó de nuevo. Era su jefe para decirle que en quince días tendría que viajar para resolver un asunto de trabajo. Perfecto, pensó Sofía. Desconexión, aunque sea por trabajo. Lo anotó en la agenda; salía de viaje al día siguiente del teatro. Después de se marchó a dormir y una hora más tarde se levantó a vomitar platanitos y helado de chocolate. Agarrada a la taza del váter pensó en que Judy tenía razón. El amor estaba sobrevalorado y no se merecía que ella estuviera vomitando allí de mala manera sólo porque Jack la hubiera dejado. Había una frase de alguien que corroboraba los pensamientos de Judy con respecto del amor; si era amor del bueno, no podía tener un final, y si lo tenía, nunca sería un final feliz. Y así todo. Puto Shakespeare,...
Juls, 5 de febrero de 2018
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