Ginebra Puerto de Indias con tónica de grosella. Un combinado atractivamente rosa que entraba prácticamente solo. Aquella tarde dio para mucho,... Muchísimo. Lo que se pensaba un rato tranquilo de dos amigas conversando, se tornó en un 'felices los cuatro' en el momento en el que Judy les dijo a Martin y a Claudia que se sentaran con ellas a tomar algo. Terminaron cerrando el pub y buscando otros garitos abiertos. Judy estaba más rara de lo normal, Claudia se tomó la última y cuando Judy quiso meterle morro, le hizo una cobra de antología al estilo 'matrix' que desató un descojone generalizado en el cuarteto. Judy estaba bebida pero no lo suficiente como para no saber lo que estaba haciendo. En un momento dado miró a Sofía, reflexionó sobre sus sentimientos y lo único que se le ocurrió fue coger a Claudia por la cintura y besarla, pero Claudia no estaba por la labor. De hecho, Claudia le paró los pies con un ademán bastante serio, incluso regañándola. Al rato, Judy estaba llorando en el baño, Claudia se había ido y Martin y Sofía se pedían otra ronda.
-Deberíamos irnos, Judy no está bien.
Sofía no llegó a terminarse la copa y le dijo a Martin que las llevara a casa. Una vez en el coche, sufrieron el típico bajón; apenas hablaban.
-Judy, ¿Estás bien?,- preguntó Sofía. Lloraba desconsoladamente en el asiento trasero del coche, hipaba y tenía la cara manchada de rímel corrido. Sofía quiso consolarla.
-Judy, seguro que mañana Claudia lo ve todo más claro, no te disgustes. Mañana será otro día, ahora estamos un poco perjudicados y no es el momento. Hazme caso, cariño.
Judy se sorbió los mocos y contestó:
-Claudia lo tiene perfectamente claro, y yo también. No necesito esperar a mañana para que esa claridad me ilumine.- Judy contestó muy borde.
-Estás borracha, no te lo voy a tener en cuenta.- En ese momento, llegaron a casa de Judy, se bajó del coche y se metió en casa.
Sofía no terminaba de entender la situación pero estaba demasiado cansada para buscar respuestas. Pero no para terminar encima de Martin en su sofá, follando como veinteañeros que lo hacen a escondidas. Por alguna razón, Martin sencillamente, se dejó hacer. Sofía tomó la iniciativa y ya no hubo vuelta atrás. Tras el sofá se fueron al dormitorio. Se deshizo de su ropa interior gris marengo y vainilla, y se puso a horcajadas sobre él que estaba tumbado bocabajo. Rozaba sus pechos contra su espalda, lamiendo y besando cada trozo de piel. Lo acariciaba, lo mordía, lo saboreaba,... En un movimiento lento pero seguro, Martin se puso bocarriba, pretendiendo un liderazgo que Sofía reducía rápidamente. Entonces, ella cogió una mano de él y la puso entre sus piernas, a la vez que ella tomaba su miembro con la mano. No hubo más que decir, sólo hacer y dejarse hacer. Ya por la mañana, cuando Martin se hubo ido, Sofía llamó a Judy. No contestaba. Ni siquiera daba señal; ya la llamaría más tarde, estaría con resaca. Se vistió y se fue al pub a desayunar; craso error.
-¿Podemos hablar?- Jack O'Brian. El día empezaba bien.
-Necesito hablar contigo, Sofía,....- Y le sirvió una porción de tarta de zanahoria.
Juls, 21 de enero de 2018
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