viernes, 12 de enero de 2018

7 AMISTAD DE SANGRE

     Sofía y Judy se conocían desde hacía demasiado tiempo. Desde los tiempos de instituto en que Judy era una empollona hiper atractiva, a la que le encantaban las chupas de cuero negro con tachuelas y las converse. En la clase de al lado estaba Sofía, una estudiante del montón, con notas del montón y que arrastraría las matemáticas durante toda su vida académica. Una chica guapa, cuya belleza no pasaba desapercibida si no fuera porque siempre iba en chándal, con sudaderas dos tallas más grandes que la suya. Usaba gafas para leer de pasta marrón y una mochila heredada de su hermano, con las asas desgastadas y medio descosidas. No conocían de nada hasta que a Sofía la mandaron a clases de apoyo de matemáticas. Judy era la profesora. Los alumnos de sobresaliente ayudaban a todo el que lo necesitara de dos a tres de la tarde. Así se conocieron. Se fueron haciendo amigas pero lo que realmente las unió, fue el episodio en el que Judy le partió la cara, casi literalmente a Sofía. Judy lanzaba balones de voleyball con furia contra una pared. Sofía la llamó. Ella y otros cinco o seis alumnos, la habían estado esperando pero no se había presentado a su clase de mates. 
-¡Judy! 
-Déjame,- contestó Judy. Tenía los ojos rojos por haber estado llorando, de hecho seguía llorando.
En ese momento Sofía se cruzó entre la pared y Judy, justo cuando esta lanzaba un remate. Las gafas de pasta de Sofía saltaron por el aire y ella comenzó a sangrar por la nariz
-¿Eres tonta o qué? Cómo se te ocurre cruzarte ahí,.... A ver, déjame ver,...- Judy intentaba socorrerla.
-¡Casi me rompes la nariz! Gilipollas,..... 
Se fueron al baño para limpiarse, Judy empezó a sacar pañuelos de papel de su bolso para intentar cortar la hemorragia. Entonces, miró la cara hinchada de Sofía, su nariz sangrando y comenzó a llorar de nuevo.
-Sofía,..... Soy lesbiana y hoy se lo he confesado a mi familia. Mi padre me ha dicho que me quiere, que quiere a su hija tal cual sea. Mi hermano se ha echado a reir y ha dicho que ya lo sabía,..... Mi madre,... Mi madre no lo entiende y lleva dos días sin hablarme. 
Se hizo un silencio. Sofía se olvidó de su nariz, cogió a Judy e hizo lo que supuso que era lo mejor para ella en ese momento. La abrazó. Fuerte y cálladamente. Uno de esos abrazos largos y sinceros que le recomponen a uno el alma y los huesos. 
-Cuando quieras que te suelte, dilo,- dijo Sofía.
-Mientras no manches mi chupa de sangre, todo va bien. Te compraré unas gafas nuevas, si es que aún te queda algo de nariz para sujetarlas. Lo siento. 
-No importa. Si necesitas tirar más balonazos adelante,.... O piedras, o romper cosas,....
-Necesito que mi madre me hable y deje de evitarme, pero eso no está en tu mano ni en lanzar balones como si fuera a matar alguien. 
Desde ese día se hicieron inseparables. No importaba lo que la vida les deparase, porque de una forma u otra siempre estarían juntas. 
-Por cierto,... Yo también lo sabía,- dijo Sofía.
-¿Qué pasa, lo llevo tatuado o qué?
-No, pero te vi liarte en el baño con Marta, la ex de John. A estas alturas no creo que haya nadie que no lo sepa en todo el instituto. 
-Sofía,... ¿Me das otro abrazo? 
-Todos los del mundo, amiga. 

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