-¡Judy!
-Déjame,- contestó Judy. Tenía los ojos rojos por haber estado llorando, de hecho seguía llorando.
En ese momento Sofía se cruzó entre la pared y Judy, justo cuando esta lanzaba un remate. Las gafas de pasta de Sofía saltaron por el aire y ella comenzó a sangrar por la nariz
-¿Eres tonta o qué? Cómo se te ocurre cruzarte ahí,.... A ver, déjame ver,...- Judy intentaba socorrerla.
-¡Casi me rompes la nariz! Gilipollas,.....
Se fueron al baño para limpiarse, Judy empezó a sacar pañuelos de papel de su bolso para intentar cortar la hemorragia. Entonces, miró la cara hinchada de Sofía, su nariz sangrando y comenzó a llorar de nuevo.
-Sofía,..... Soy lesbiana y hoy se lo he confesado a mi familia. Mi padre me ha dicho que me quiere, que quiere a su hija tal cual sea. Mi hermano se ha echado a reir y ha dicho que ya lo sabía,..... Mi madre,... Mi madre no lo entiende y lleva dos días sin hablarme.
Se hizo un silencio. Sofía se olvidó de su nariz, cogió a Judy e hizo lo que supuso que era lo mejor para ella en ese momento. La abrazó. Fuerte y cálladamente. Uno de esos abrazos largos y sinceros que le recomponen a uno el alma y los huesos.
-Cuando quieras que te suelte, dilo,- dijo Sofía.
-Mientras no manches mi chupa de sangre, todo va bien. Te compraré unas gafas nuevas, si es que aún te queda algo de nariz para sujetarlas. Lo siento.
-No importa. Si necesitas tirar más balonazos adelante,.... O piedras, o romper cosas,....
-Necesito que mi madre me hable y deje de evitarme, pero eso no está en tu mano ni en lanzar balones como si fuera a matar alguien.
Desde ese día se hicieron inseparables. No importaba lo que la vida les deparase, porque de una forma u otra siempre estarían juntas.
-Por cierto,... Yo también lo sabía,- dijo Sofía.
-¿Qué pasa, lo llevo tatuado o qué?
-No, pero te vi liarte en el baño con Marta, la ex de John. A estas alturas no creo que haya nadie que no lo sepa en todo el instituto.
-Sofía,... ¿Me das otro abrazo?
-Todos los del mundo, amiga.
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