Judy había estado bombardeando el móvil de Sofía durante todo el día. Era viernes y había una apuesta de por medio. Pero Sofía no daba señales de vida. Eran más de las diez y no sabía nada de ella. Le envió un mensaje en el que le decía que, si no estaba demasiado cansada, Judy estaría en el Freedom tomando algo con Claudia y otro compañero de trabajo, por si se quería pasar. En resumen, un eufemismo larguísimo, que venía a decir básicamente; Sofía, quiero verte, qué ha pasado con Martín. Pero Sofía no apareció por el Freedom y tampoco contestó a Judy. Sofía, simplemente, estaba ocupada.
-Quédate un poco más, Sofi, no hemos terminado de ver lo de mi proyecto.- Martin era filólogo, experto en lenguas antiguas, un experto en lo suyo a niveles doctorales, que tuvo un 'affaire' con Sofía cuando se conocieron en unas conferencias sobre inscripciones medievales y otras frikadas de las suyas. Era uno de esos tíos que no pasan desapercibidos; su cuerpo apolíneo, su percha, su saber vestir, su perfume, sus manos,.... No era súper guapísimo, pero tenía un encanto especial y una locuacidad que atontaban a la más veterana en esto de la seducción. Lo cierto, es que el chico, no se lo tenía nada creído y eso, lo hacía si cabe, aún más atractivo.
-No puedo quedarme, es muy tarde. Quiero irme a casa, descansar y mañana ponerme en 'modo chacha' en mi casa, que es lamentable como está,- contestó Sofía recogiendo del suelo su sujetador de gasa color mostaza con flores azuladas bordadas.
-Sólo un ratito más,....- Según Sofía se iba vistiendo, Martin la iba desvistiendo. Ella intentaba negarse añadiendo 'eres muy pesado, déjame, me tengo que ir, dame mi sujetador,...' pero no sirvió de nada. Allí estaban los dos, sobre la mesa del despacho de Martin, gimiendo de placer. Follaban sobre la mesa sin prisa y sin pausa, se gozaban, se sudaban,... Sofía se apretaba contra Martin abrazándolo con las piernas, rogando con cada embestida, que no parase y que le diera más. Así fue como Sofía perdió su apuesta con Judy. Judy, la muy perraca. La conocía como si la hubiera parido. A ver quién era el listo que la aguantaba después de esto. El sábado por la mañana, Judy estaba de nuevo aporreando la puerta de Sofía en busca de una resolución a la apuesta, con dos chocolates y una docena de churros.
-Ábreme ya, tía pesada, que esto quema.....-
Sofía abrió la puerta mandándola bajar la voz.
-Tengo vecinos, no vivo sola, escandalosa. Son las diez de la mañana. Tú sabes que quien madruga un sábado sin motivo no es de fiar, ¿Verdad?- Sofía cogió los chocolates y los puso en la mesa de la salita con los churros.
-Sofía,.... Mírame a la cara. Hueles a tu perfume de rosas, hay ropa interior tirada en ese sillón, tienes chupetones en el cuello,...... y caminas raro,...... Os habéis vuelto a liar. Y por tu forma de andar, el lío ha sido gordo.
-Si te digo que no, no te lo crees ¿No?- Sofía hablaba cada vez más bajito, como queriendo tapar su culpabilidad y costándole aceptar que tendría que invitar a Judy a una pinta, justamente ganada.
-¿En qué momento de tu vida hemos llegado a la etapa de 'vagina inquieta', vamos a ver,... Porque yo me he perdido. A lo mejor, debería juntar a Jack y a Martin en el bar y preguntarles a ellos, porque a fin de cuentas ellos tendrían mucho que decir al respecto.- Judy tenía la boca llena de chocolate y movía la cabeza haciendo además de no entender nada.
-Martin y yo nunca perdimos nuestra química, es tan sencillo como eso. Estuvimos hablando sobre su proyecto y al final estábamos pegados el uno al otro,... Reconozco que fui yo la que se lanzó y lo besó primero, pero él tampoco guardaba las distancias. Y ¿Sabes lo más gracioso? Que no me arrepiento, y eso hace que piense en Jack. Si no me causa remordimiento alguno liarme con un antiguo compañero, creo que Jack estaba colocado en la parte más alta de mis expectativas, y como te dije el otro día, fue un error colocarlo ahí. Y casualmente, aparece Martin, y me pilla,.... así, repensando mi relación con Jack, si es que se le puede llamar relación,.... Y lloro, y pienso, y reflexiono, y vuelvo a pensar,.....
-Y follas, y piensas, y vuelves a follar,.... Insisto,.... Estás puta tonta perdida. Está muy bien que no te arrepientas de tus actos pero creo que deberías pensar un poquito más con la cabeza y menos con el chocho.
-¿Y tú?- preguntó Sofía, -¿Con qué piensas tú, listilla? Consejos vendes que para ti no tienes.
Judy le hizo una mueca a modo de burla y se concentró en comerse el último churro apurando lo que le quedaba de chocolate en el vaso. Menuda pregunta le hacía. Con qué pesaba ella. Ella pensaba con el corazón, que era el órgano que le vibraba últimamente cuando Sofía estaba cerca y eso le daba muchísimo miedo a Judy. Evadió la pregunta con otra pregunta.
-¿Es que acaso tengo yo el problema? Yo no tengo que pensar con nada. Me voy. Mañana quiero mi pinta, pero como soy así de buena, a la segunda te invito yo. A ver, de qué iba el proyecto de Martin, vamos a cambiar de tema.
-Si te soy sincera, ni siquiera le presté atención mientras me lo contaba,....- Sofía se reía.
-Ya te digo yo, cuál es el proyecto para el que necesitaba tu ayuda,... Tú eres proyecto,... Si cuando digo que estás puta tonta, que no te enteras de nada,.....
Juls, 30 de diciembre de 2017
Literatura para los sentidos, para el corazón, para ruborizarte, para encandalizarte... O no,...
viernes, 29 de diciembre de 2017
jueves, 21 de diciembre de 2017
4 PUTA TONTA
Llevaba lloviendo toda la semana y no tenía pinta de que fuese a parar nunca. A Sofía le encantaba la lluvia pero por una vez deseaba que el sol entrara por la ventana. Miraba el agua caer por los cristales lentamente, sin prisa y sin pausa. Tumbada en la cama, tapada con su nórdico de flores rosas. Entonces, notó una mano cálida que la apretaba por la cadera.
-Ven, no cojas frío.- Jack la acariciaba atrayéndola hacia sí.
-Creo que es mejor que te vayas, Jack,... Tengo que ir a trabajar y dejar esto un poco recogido,- dijo Sofía con un tono un tanto serio. Jack captó la indirecta. Por algún motivo lo quería fuera de su cama, cosa que antes jamás había ocurrido. Sofía estaba rara desde hacía algún tiempo y no sabía porqué. Sin embargo, Jack se ocupó de que la media hora siguiente, lejos de echarlo de su cama y de su casa, Sofía lo quisiera allí con ella. No hubo un solo rincón de su cuerpo que la boca de Jack no besara. Y entonces, ocurrió.
-Jack,..... No... Quiero que te vayas. Por favor.- Se hizo un silencio largo e incómodo, sólo se oía el roce de la ropa de cama mientras Jack se levantaba, se vestía y salía de la casa de Sofía sin mirar atrás. Misteriosamente, Sofía no lloró. Se limitó a ducharse, se vistió deprisa y se fue a trabajar.
Caminaba por la calle casi como un zombie, sin ni siquiera ser consciente del camino que recorría. Entonces, se encontró con Judy en la parada del bus. Judy la miró y Sofía comenzó a hablarle sin que hiciera falta ninguna pregunta previa.
-Jack es un follamigo,.... yo,..... yo soy una mezcla entre follamiga y amante,.... Hoy lo eché de mi casa. De pronto me sentí agobiada, agobiada y vacía al mismo tiempo. Jack no me quiere, ni yo a él, no de la forma en que deberíamos querernos a estas alturas de nuestra vida. Y sin embargo, no hago más que acordarme de todas las veces que me he acostado con él, follado con él, con mayúsculas,... Me tiemblan las piernas sólo de pensarlo, lo que me hace reafirmarme en mi decisión.-
-Sofía, ¿Te das cuenta de que has perdido tu bus y yo el mío? ¿Te das cuenta de que estás como una puta regadera y de que son las ocho de la mañana, y de que es demasiado temprano para que yo asimile los restos de tu vida sexual con Jack O'Brian, que insisto en que podría ser tu padre, y de que, en fin, son las putas ocho de la mañana? Como solo miro por tu bien, amiga, te espero a las seis en el pub, y ya si eso, me terminas de contar. Que no quiere decir que no esté escuchando, pero es que,....
-Ya, ya,.... es muy temprano para ti, Judy,.... Lo he captado.-
Pero Judy llegó tarde al pub. Una hora tarde. Se había pasado dos horas retozando con Claudia, una compañera de trabajo.
-Llegas tarde. Podrías haberme avisado.- Sofía la fusiló con la mirada.
-Yo también tengo una vida sexual que satisfacer, no eres la única. Venga. Termina tu historia de esta mañana, llevo mucha cafeína en el cuerpo, la suficiente para hacer de psicóloga si es preciso, pero sin pucheros tontos, eh, que te conozco.-
-Al salir del curro he ido a casa, me he cambiado de ropa y he venido aquí derecha. Jack estaba en la barra sirviendo pintas y cuando me vio entrar salió, me cogió de la mano y me llevó a su coche. Fuimos a su casa y follamos como veinteañeros.- Sofía escupió la información casi como un robot y Judy, en medio de una carcajada tremendamente sonora contestó:
-Tú estás puta tonta, chica.... Jajajajajajajaaj,.... No tienes claro qué relación os une, el otro día le contestas de mala manera, hoy lo echas de tu casa sin mediar palabra porque según tú, estás agobiada y te sientes vacía,.... y ahora me vienes diciendo que has ido a casa, que te has puesto uno de esos conjuntos de ropa interior carísima que tienes y te has venido al pub a buscar a Jack para follar, pero esta vez, en vez de en el almacén del pub, en su casa,..... Jajajajajajaajajajajaja
Pero ¿Tú te oyes, reina mora?- La risa de Judy podía escucharse en toda la calle. Sofía sin embargo, sonreía casi con cierta seriedad, sin entender muy bien, qué tenía de gracioso su dilema emocional.
-Judy, no sé por qué te ríes tanto, lo estoy pasando mal,....
-Uy sí, fatal,... Perdona,... Jajajajaja, y Jack también, seguro,..... Los dos lo estáis pasando fatal, perdona mi falta de tacto,.....- Judy, intentaba parar de reír, pero le costaba.
-Voy al baño, pídeme otra si sale el camarero,- dijo Judy.
De pronto, sonó el móvil de Sofía. Un mensaje de Martin. 'Hola Sofi, qué tal estás. Necesito ayuda con un proyecto, ¿Estás libre el viernes por la tarde?' Martin era un antiguo amigo de facultad con el que hablaba de vez en cuando. Contestó el mensaje; 'Sí, estoy libre,... Dime hora y lugar'.
-¿Con quién hablas?, preguntó Judy al volver del baño.
-Con Martin, quiere ayuda para no sé qué.
-Por ese sí que yo me hacía hetero,... Pedazo de hombre,....- Judy hizo un gesto con la lengua fingiendo una felación.
-Eres muy guarra, ¿Lo sabías? Pero mucho. So cerda,...- Sofía casi se escandalizaba.
-Te apuesto una pinta a que este viernes caes rendida a los pies y al pene de Martin.- Judy la miró desafiante,...
-Hecho,- contestó Sofía. -Perderás una pinta y luego otra por bocazas.
-Ya,.... Pero seguirás estando puta tonta, y yo no.
En ese momento salió Jack de la barra tirándole besos al aire dirigidos a Sofía,..... A Judy le dio otro ataque de risa.
-Ese sí que está fatal,- dijo mirando a Jack. -Qué ganas tengo de que llegue el viernes....
Juls, 22 de diciembre de 2017
-Ven, no cojas frío.- Jack la acariciaba atrayéndola hacia sí.
-Creo que es mejor que te vayas, Jack,... Tengo que ir a trabajar y dejar esto un poco recogido,- dijo Sofía con un tono un tanto serio. Jack captó la indirecta. Por algún motivo lo quería fuera de su cama, cosa que antes jamás había ocurrido. Sofía estaba rara desde hacía algún tiempo y no sabía porqué. Sin embargo, Jack se ocupó de que la media hora siguiente, lejos de echarlo de su cama y de su casa, Sofía lo quisiera allí con ella. No hubo un solo rincón de su cuerpo que la boca de Jack no besara. Y entonces, ocurrió.
-Jack,..... No... Quiero que te vayas. Por favor.- Se hizo un silencio largo e incómodo, sólo se oía el roce de la ropa de cama mientras Jack se levantaba, se vestía y salía de la casa de Sofía sin mirar atrás. Misteriosamente, Sofía no lloró. Se limitó a ducharse, se vistió deprisa y se fue a trabajar.
Caminaba por la calle casi como un zombie, sin ni siquiera ser consciente del camino que recorría. Entonces, se encontró con Judy en la parada del bus. Judy la miró y Sofía comenzó a hablarle sin que hiciera falta ninguna pregunta previa.
-Jack es un follamigo,.... yo,..... yo soy una mezcla entre follamiga y amante,.... Hoy lo eché de mi casa. De pronto me sentí agobiada, agobiada y vacía al mismo tiempo. Jack no me quiere, ni yo a él, no de la forma en que deberíamos querernos a estas alturas de nuestra vida. Y sin embargo, no hago más que acordarme de todas las veces que me he acostado con él, follado con él, con mayúsculas,... Me tiemblan las piernas sólo de pensarlo, lo que me hace reafirmarme en mi decisión.-
-Sofía, ¿Te das cuenta de que has perdido tu bus y yo el mío? ¿Te das cuenta de que estás como una puta regadera y de que son las ocho de la mañana, y de que es demasiado temprano para que yo asimile los restos de tu vida sexual con Jack O'Brian, que insisto en que podría ser tu padre, y de que, en fin, son las putas ocho de la mañana? Como solo miro por tu bien, amiga, te espero a las seis en el pub, y ya si eso, me terminas de contar. Que no quiere decir que no esté escuchando, pero es que,....
-Ya, ya,.... es muy temprano para ti, Judy,.... Lo he captado.-
Pero Judy llegó tarde al pub. Una hora tarde. Se había pasado dos horas retozando con Claudia, una compañera de trabajo.
-Llegas tarde. Podrías haberme avisado.- Sofía la fusiló con la mirada.
-Yo también tengo una vida sexual que satisfacer, no eres la única. Venga. Termina tu historia de esta mañana, llevo mucha cafeína en el cuerpo, la suficiente para hacer de psicóloga si es preciso, pero sin pucheros tontos, eh, que te conozco.-
-Al salir del curro he ido a casa, me he cambiado de ropa y he venido aquí derecha. Jack estaba en la barra sirviendo pintas y cuando me vio entrar salió, me cogió de la mano y me llevó a su coche. Fuimos a su casa y follamos como veinteañeros.- Sofía escupió la información casi como un robot y Judy, en medio de una carcajada tremendamente sonora contestó:
-Tú estás puta tonta, chica.... Jajajajajajajaaj,.... No tienes claro qué relación os une, el otro día le contestas de mala manera, hoy lo echas de tu casa sin mediar palabra porque según tú, estás agobiada y te sientes vacía,.... y ahora me vienes diciendo que has ido a casa, que te has puesto uno de esos conjuntos de ropa interior carísima que tienes y te has venido al pub a buscar a Jack para follar, pero esta vez, en vez de en el almacén del pub, en su casa,..... Jajajajajajaajajajajaja
Pero ¿Tú te oyes, reina mora?- La risa de Judy podía escucharse en toda la calle. Sofía sin embargo, sonreía casi con cierta seriedad, sin entender muy bien, qué tenía de gracioso su dilema emocional.
-Judy, no sé por qué te ríes tanto, lo estoy pasando mal,....
-Uy sí, fatal,... Perdona,... Jajajajaja, y Jack también, seguro,..... Los dos lo estáis pasando fatal, perdona mi falta de tacto,.....- Judy, intentaba parar de reír, pero le costaba.
-Voy al baño, pídeme otra si sale el camarero,- dijo Judy.
De pronto, sonó el móvil de Sofía. Un mensaje de Martin. 'Hola Sofi, qué tal estás. Necesito ayuda con un proyecto, ¿Estás libre el viernes por la tarde?' Martin era un antiguo amigo de facultad con el que hablaba de vez en cuando. Contestó el mensaje; 'Sí, estoy libre,... Dime hora y lugar'.
-¿Con quién hablas?, preguntó Judy al volver del baño.
-Con Martin, quiere ayuda para no sé qué.
-Por ese sí que yo me hacía hetero,... Pedazo de hombre,....- Judy hizo un gesto con la lengua fingiendo una felación.
-Eres muy guarra, ¿Lo sabías? Pero mucho. So cerda,...- Sofía casi se escandalizaba.
-Te apuesto una pinta a que este viernes caes rendida a los pies y al pene de Martin.- Judy la miró desafiante,...
-Hecho,- contestó Sofía. -Perderás una pinta y luego otra por bocazas.
-Ya,.... Pero seguirás estando puta tonta, y yo no.
En ese momento salió Jack de la barra tirándole besos al aire dirigidos a Sofía,..... A Judy le dio otro ataque de risa.
-Ese sí que está fatal,- dijo mirando a Jack. -Qué ganas tengo de que llegue el viernes....
Juls, 22 de diciembre de 2017
sábado, 16 de diciembre de 2017
3 CAFÉ VIENÉS
Se sentó a ver llover desde una de las mesas de la terraza del pub. No estaba teniendo un buen día y el cuerpo le pedía azúcar en cantidad. Se puso a pensar en que su vida estaba bastante estancada, se sentía como si de pronto no estuviera contenta con nada de lo que tenía. Pidió un café vienés, con doble de nata y una porción de tarta de zanahoria. Entonces, aparteció Jack O'Brian con su pedido y lo colocó delante de ella sobre la mesa. Junto al café había una pequeña cajita negra. Jack se sentó con ella.
-¿Qué es esto?-, preguntó ella.
-Ábrelo.- Jack contestó serio pero a la vez con una media sonrisa que se escapaba por una comisura. Sofía abrió la cajita y al ver lo que había dentro, lo miró a él.
-Vaya,.... así que, mi enorme resaca del otro día no me engañaba. Mi preciada braguita de encaje de Brujas estaba en tu poder. ¿Por qué no me la devolviste la otra tarde cuando estuve aquí con Judy? ¿O es que quieres que follemos otra vez y se te ha ocurrido que trayéndome las bragas voy a ir corriendo a tu almacén a tirarme en tus brazos?- Sofía no estaba de humor para esas tonterías. Si era eso lo que él quería, ella le diría que estupendo, pero que esa tarde se tendría que consolar él solito contra la puerta.
-No te creas el ombligo del mundo Sofía. Te las traigo porque no me parece bien tenerlas por ahí en mi pub y porque sencillamente son tuyas. Pero vamos, que con ese humor, tú y tu braga de mierda os podéis ir a tomar por culo. Son cuatro euros,- dijo Jack, mientras se levantaba de la mesa y señalaba la consumición. Sofía no dijo nada. Se quedó callada saboreando la nata de su café vienés mirando a la nada, observando como llovía. Jack tenía cincuenta y cinco años y ella treinta y siete. Técnicamente podía ser su padre, pero lo que era en realidad era su amante, su amigo con derecho a roce, su 'follamigo',... Se conocieron hacía unos cuatro o cinco años, en la fiesta de cumpleaños de un amigo en común y se sintieron atraídos el uno por el otro casi de inmediato. Empezaron a tontear la Navidad pasada, una noche de viernes que hizo que terminaran en casa de Jack a las seis de la mañana dándolo todo sexualmente hablando. Judy nunca se cansaba de decirle a Sofía que esa relación no tenía ningún futuro, no al menos, de la forma en que la planteaban y aunque Sofía pensaba igual, lo cierto era que Jack la tenía atrapada. Ambos se habían atrapado en una vorágine de sexo sin derecho a nada más. Era como un contrato verbal silencioso en el que se da por hecho que hay unos límites que no deben traspasar. Follar era una cosa. Amarse era otra muy distinta que distaba mucho de ir perdiendo bragas por ahí y de llamadas taciturnas de Jack pidiéndole una hora de su tiempo a Sofía, un polvo rápido en los momentos libres de trabajo, o aprovechando el ir a la compra y cómo no, ir al pub a tomar un café y acabar en el almacén, para variar. Sofía se había interrogado así misma muchas veces, autojuzgándose por todo aquello, sin llegar a una conclusión clara. Se preguntaba si era eso lo que quería tener en su vida. Y como siempre su amiga Judy, la ayudaría con la respuesta, de la misma manera que la ayuda en todo lo demás.
-A ver si lo adivino, cariño; le has dado una contestación de las tuyas y lógicamente, se ha cabreado. Eres la leche, Sofi,...- Judy apareció quince minutos después de recibir un whatsapp de Sofía en el que le decía: 'estoy en el pub y no creo que haya tarta suficiente para hoy', a lo que Judy no contestó. La dejó en visto, y simplemente, se presentó allí.
-Al menos has encontrado tus carísimas bragas, yo vengo de Primark y me he comprado tres paquetes de cinco unidades cada uno, por diez euros. Así, si las pierdo no tendré que ir al psicólogo después por haber extraviado una prenda de ropa interior que vale varias horas extras en mi curro.- Judy tenía ese punto entre cómico, sarcástico e irónico que la hacían tan divertida y tan peculiar al mismo tiempo. Sofía le hablaba con la boca llena de nata de su segundo café vienés con doble nata.
-Podría haberme dado por la filatelia, la numismática, los coches, figuritas de Star Wars o Harry Potter o esculturas horteras de Lladró, pero es que resulta que me gusta la lencería cara. Cada uno gasta su dinero como le da la gana. Oye Judy,......- Sofía quería la opinión de su amiga, la necesitaba.....
-¿Qué crees que somos Jack y yo?- Y Judy respondió con una lógica tan aplastante y tan natural que Sofía sintió miedo de su propia reflexión interior tras escucharla.
-Los amantes aman, los follamigos follan,...... Tú, ¿Dónde te ubicas? ¿Dónde se ubica Jack?
Las palabras de Judy silenciaron a Sofía. En ese momento salió un camarero y le pidió un café vienes con doble de nata y sin café.
Juls, 17 de diciembre de 2017
-¿Qué es esto?-, preguntó ella.
-Ábrelo.- Jack contestó serio pero a la vez con una media sonrisa que se escapaba por una comisura. Sofía abrió la cajita y al ver lo que había dentro, lo miró a él.
-Vaya,.... así que, mi enorme resaca del otro día no me engañaba. Mi preciada braguita de encaje de Brujas estaba en tu poder. ¿Por qué no me la devolviste la otra tarde cuando estuve aquí con Judy? ¿O es que quieres que follemos otra vez y se te ha ocurrido que trayéndome las bragas voy a ir corriendo a tu almacén a tirarme en tus brazos?- Sofía no estaba de humor para esas tonterías. Si era eso lo que él quería, ella le diría que estupendo, pero que esa tarde se tendría que consolar él solito contra la puerta.
-No te creas el ombligo del mundo Sofía. Te las traigo porque no me parece bien tenerlas por ahí en mi pub y porque sencillamente son tuyas. Pero vamos, que con ese humor, tú y tu braga de mierda os podéis ir a tomar por culo. Son cuatro euros,- dijo Jack, mientras se levantaba de la mesa y señalaba la consumición. Sofía no dijo nada. Se quedó callada saboreando la nata de su café vienés mirando a la nada, observando como llovía. Jack tenía cincuenta y cinco años y ella treinta y siete. Técnicamente podía ser su padre, pero lo que era en realidad era su amante, su amigo con derecho a roce, su 'follamigo',... Se conocieron hacía unos cuatro o cinco años, en la fiesta de cumpleaños de un amigo en común y se sintieron atraídos el uno por el otro casi de inmediato. Empezaron a tontear la Navidad pasada, una noche de viernes que hizo que terminaran en casa de Jack a las seis de la mañana dándolo todo sexualmente hablando. Judy nunca se cansaba de decirle a Sofía que esa relación no tenía ningún futuro, no al menos, de la forma en que la planteaban y aunque Sofía pensaba igual, lo cierto era que Jack la tenía atrapada. Ambos se habían atrapado en una vorágine de sexo sin derecho a nada más. Era como un contrato verbal silencioso en el que se da por hecho que hay unos límites que no deben traspasar. Follar era una cosa. Amarse era otra muy distinta que distaba mucho de ir perdiendo bragas por ahí y de llamadas taciturnas de Jack pidiéndole una hora de su tiempo a Sofía, un polvo rápido en los momentos libres de trabajo, o aprovechando el ir a la compra y cómo no, ir al pub a tomar un café y acabar en el almacén, para variar. Sofía se había interrogado así misma muchas veces, autojuzgándose por todo aquello, sin llegar a una conclusión clara. Se preguntaba si era eso lo que quería tener en su vida. Y como siempre su amiga Judy, la ayudaría con la respuesta, de la misma manera que la ayuda en todo lo demás.
-A ver si lo adivino, cariño; le has dado una contestación de las tuyas y lógicamente, se ha cabreado. Eres la leche, Sofi,...- Judy apareció quince minutos después de recibir un whatsapp de Sofía en el que le decía: 'estoy en el pub y no creo que haya tarta suficiente para hoy', a lo que Judy no contestó. La dejó en visto, y simplemente, se presentó allí.
-Al menos has encontrado tus carísimas bragas, yo vengo de Primark y me he comprado tres paquetes de cinco unidades cada uno, por diez euros. Así, si las pierdo no tendré que ir al psicólogo después por haber extraviado una prenda de ropa interior que vale varias horas extras en mi curro.- Judy tenía ese punto entre cómico, sarcástico e irónico que la hacían tan divertida y tan peculiar al mismo tiempo. Sofía le hablaba con la boca llena de nata de su segundo café vienés con doble nata.
-Podría haberme dado por la filatelia, la numismática, los coches, figuritas de Star Wars o Harry Potter o esculturas horteras de Lladró, pero es que resulta que me gusta la lencería cara. Cada uno gasta su dinero como le da la gana. Oye Judy,......- Sofía quería la opinión de su amiga, la necesitaba.....
-¿Qué crees que somos Jack y yo?- Y Judy respondió con una lógica tan aplastante y tan natural que Sofía sintió miedo de su propia reflexión interior tras escucharla.
-Los amantes aman, los follamigos follan,...... Tú, ¿Dónde te ubicas? ¿Dónde se ubica Jack?
Las palabras de Judy silenciaron a Sofía. En ese momento salió un camarero y le pidió un café vienes con doble de nata y sin café.
Juls, 17 de diciembre de 2017
sábado, 9 de diciembre de 2017
2 BARRIL DE CERVEZA
Ilustración por @_jc.shop
Judy era una de esas amigas fieles que aguantaba de todo por una amiga, pero lo de Sofía de la otra noche no tenía perdón. Valiente borracha, la tía. Y encima, debía de tener una resaca nivel 'Valdepeñas ha cerrado por falta de existencias'. La estuvo llamando durante tres días y Sofía ni siquiera tenía el móvil conectado. De pronto le sobrevino un halo de preocupación por ella y decidió pasarse por su casa y comprobar que estaba bien. Recordaba haberla dejado delante de la puerta de su casa, intentando encontrar las llaves en el bolso mientras tiraba por el suelo el resto del contenido. Cuando llegó a casa de Sofía aquella tarde domingo, encontró una compresa, un pintalabios y un pendiente tirados junto a la puerta. Lo que quedaba del contenido del bolso. Llamó al timbre con su clave de siempre, tipo código morse, clave que sólo usaba para casos de emergencia. Y ese caso lo era; Sofía, al oír esa clave de timbre, tendía que saber que era Judy y abrir la puerta. Y así fue. Pero cuando Judy entró Sofía no estaba para recibirla. Sofía estaba tirada en el sofá, en ropa interior con una taza de café en la mano y que estaba a punto de derramar si no tenía cuidado.
-¿Se puede saber por qué coño no me coges el teléfono? Judy lo preguntó en tono enfadado pero al mismo tiempo con resignación, como aceptando que era rídiculo preguntar algo así.
Sofía contestó a la pregunta con sonidos guturales, moviéndose por el sofá con cierta torpeza.
-¿Todavía estás borracha?, preguntó Judy. Era la leche, tía. Esta vez te has pasado. No puedes seguir así.
-Si no te gusta lo que ves, vete de aquí. No necesito tu compasión, y mucho menos una bronca. Por cierto,.... ¿Sabes algo de mis bragas?.... Las caras, las de encaje de Brujas.... Volví a casa sin ellas.-
Sofía y su fascinación por la lencería de La Perla.
-¿En serio me estás preguntando por tus bragas? ¡De nada! Por traerte a casa sana y salva, por curarte tus heridas y por limpiarte el vómito. Eres una gran amiga, Sofía, eres la hostia, tía.- Judy se iba enfadando por momentos.
-No tengo ni puta idea de dónde están tus bragas,.... ¿Fuiste a echar un polvo rápido al baño o algo? Porque de otra manera no se explica que alguien pierda las bragas,.... Vamos, digo yo. Aunque ahora que lo pienso, estuviste desaparecida más de media hora en una de esas veces que fuiste al baño.-
Sofía se levantó de pronto de un salto del sofá.
-Ya sé dónde están,....- dijo Sofía tirando parte del café sobre sus piernas. -Están enganchadas en un barril de Guiness, en el almacén del pub. Las dejé ahí cuando Jack O'Brian me las quitó.-
-Esto es increíble,... Pero si puede ser tu padre, Sofía,.... ¿Qué has hecho?
-Caer muy bajo, creo que no puede caer más al fondo porque no hay más fondo...... Pues ya sabes lo que toca ahora,....- Judy se sentó en el sillón. Quería toda la información acerca del misterioso del barril de Guiness que traía de regalo unas bragas de La Perla valoradas en cincuenta euros.
-Judy,... Podrá ser mi padre pero nadie folla como él, y mucho menos en un almacén de bar y con tanta prisa... Tiene unas manos tan ágiles, una espalda tan tersa, una corpulencia de esas que te envuelve, huele tan bien,..... Ese hombre me pone muy bruta, Judy, muchísimo,.... No veo el momento de volver a verlo y que me empotre otra vez en el primer sitio que le venga bien,...-
Judy escuchaba atentamente pero casi prefería pensar en las piernas de Sofía manchadas de café. -A lametones te limpiaba yo ese café,- pensó Judy.
-Creo que deberías ir al pub y pedirle que te devuelva tus bragas, querida. A parte de caras, no creo que sea muy correcto que estén allí a la vista de cualquiera. Todo esto, suponiendo que sigan allí, que tampoco lo tenemos muy claro. Te doy veinte minutos para que te duches y seas persona, y nos vayamos a tomar algo. Pero nada de alcohol.-
Sofía se levantó obedeciendo y fue arrastrando los pies hasta el baño. Mientras, Judy la esperó paciente. Aún en toalla, Sofía abrió el cajón de los tesoros y con una rápida mirada eligió un conjunto de culote y sujetador en color nude y beige y copa balcón, de una gasa finísima que transparentaba sus pezones.
-Perfecto,- dijo mirándose al espejo... En la salita, Judy le gritaba metiéndole prisa.
-¿Estás o le tienes que dar otra vuelta al cajón de los tesoros?
-Ya estoy,- respondió Sofía haciéndose presente en la salita. -Conjunto Swing, es divino.
-Pues venga, quiero merendar unas tortitas, me lo debes, borrachuza,..... Con Jack O'Brian, madre mía,.... Estás fatal,....
Juls 10 de diciembre de 2017
martes, 5 de diciembre de 2017
QUITAPENAS
Cuando te dije que quería verte, pensaba que sería una buena idea. Brindar por lo que somos, por lo bien que lo hacemos cuando estamos juntas. Pero según se acercaba el momento de vernos me entraba un vértigo de esos que te hace sentir mariposas en el estómago y te crea un nerviosismo tonto. Fue verte ahí, sola, pensando en tus cosas, tan quieta, tan callada que me dije; sí, quiero verla, quiero tocarla, sentir su frío húmedo, su dulzor, su acidez en mis labios,.... Fíjate, pensaba yo que sería una gran idea, pero no. Al cabo de un rato largo, mi boca te saboreaba sin ningún tipo de pudor, sin límites, sin censuras,.... Mi mano en tu cuello, bajando hacia tu cintura, acariciando cada centímetro, dejando que las yemas de mis dedos se deleiten. Mi lengua fundida contigo en un beso largo, lento, profundo, robándonos el aliento y parte de la existencia. Cuando nos dimos cuenta, estábamos las dos tiradas sobre el sofá, calladas, sin decir nada, sólo asimilando el momento. Decididamente, no debimos vernos. No de aquella manera. Yo pretendía que nuestro encuentro fuera especial, de celebración, un encuentro de dos amigas que se ven y se quieren en su justa medida. Pero me di cuenta de que eso era imposible. Yo no era capaz de tenerte delante sin tener ganas de tomarte.
No te ofendas, pero espero no volver a verte si no es para darnos un abrazo de los buenos. Sencillamente, no puedo permitirme terminar así cada vez que te veo,..... Botella de vino blanco,..... Tu resaca no es el amor que busco,.... Pero por si acaso, amiga fiel, siempre habrá un sitio en mi nevera para ti.
Juls, 6 de diciembre de 2017
No te ofendas, pero espero no volver a verte si no es para darnos un abrazo de los buenos. Sencillamente, no puedo permitirme terminar así cada vez que te veo,..... Botella de vino blanco,..... Tu resaca no es el amor que busco,.... Pero por si acaso, amiga fiel, siempre habrá un sitio en mi nevera para ti.
Juls, 6 de diciembre de 2017
sábado, 2 de diciembre de 2017
1 ENCAJE DE BRUJAS
SOFÍA Y LA PERLA
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| Ilustración por @_jc.shop |
Mírate, ahí tirada. Vomitando hasta la bilis que ya no te queda. Qué asco das, chata. Es repulsivo verte ahí, arrojar tus intestinos ebrios y maltratados por un garrafón engañoso de esos que te hace creer que todo es tan maravilloso y estupendo, hasta que llega el primer mareo, las ganas incontrolables de ir a mear con la pobre de tu mejor amiga y el primer resbalón con caída incluida sobre tu propia pota. Verdaderamente das mucha pena, querida. Pero lo peor aún está por llegar. Sí, reina mora. Hay que volver a casa, y sabes que ni siquiera eso es lo peor. Lo peor es que no sabes dónde están las llaves de la puerta,.... Cómo vas a saberlo, si tampoco eres capaz de vocalizar correctamente un 'hasta mañana' a la pobre de tu mejor amiga, que con toda la paciencia que le da ese título, te ha levantado del charco de vómito alcohólico, te ha sostenido para que no volvieras a caer, te ha lavado la cara, las manos, ha limpiado como ha podido tu modelito del HyM, ha curado tu rodilla langrada por la caída, te ha metido en el coche y te ha llevado a casa. Eres verdaderamente patética. Y ahora, como si no tuvieras bastante, estás espanzurrada en el sofá, porque no eres capaz ni de quitarte el sujetador con la melopea que llevas. Después de dar dos vueltas sobre ti misma, como un perrillo buscando su cola, decides que dormir con el sujetador tampoco es tan malo. Te tuerces un tobillo intentando descalzarte esos tacones setenteros, que según tu vecina, vuelven a estar de moda, pero a ti se te ha olvidado que tacones no usas, y claro, los olvidos se pagan. Tus pantis tienen tantas carreras que los de la Fórmula 1 no lo tienen claro contigo, ni ellos ni tu madre, que es la que los compró; veintidós euros de pantis, guapa. Ya podrías haber tenido cuidado. Y tu pelo. Lleno de vómito, enredado y maloliente. Mírate, nunca en tu vida te has visto en una de estas. Y te quedas dormida en el sofá, apestado a borrachera barata, hecha polvo, con una rodilla herida y un tobillo hinchado. Ya por la mañana te despiertas porque te haces pis, y te arrastras con los ojos legañosos hasta el baño y,..... ¡Sorpresa! ¿Por qué no llevas bragas? ¿Hola?... Esta sí que es buena; si pensabas que no habría nada que lo superase,... Zas, en toda la boca, o mejor dicho, en todo el chocho que llevas al aire desde ni te acuerdas, porque ni te habías dado cuenta de que no llevas bragas. La resaca es tan grande, que aunque estás intrigada por averiguar dónde pueden estar tus bragas, lo cierto es que al minuto ya se te ha olvidado. Te limpias y entonces viene lo mejor. Te miras en el espejo. Y ves lo que queda de ti después de una noche de la que apenas recuerdas cosas. Observas tu rostro en el espejo con cierto interés, como si no reconocieras a la que allí se refleja. Y lloras. No entiendes cómo es posible, cómo ha podido suceder, pero en qué estabas pensando, ¡¡¡Qué mierda tenías en la cabeza para perder una braga de encaje de Brujas de La Perla, en blanco roto, valoradas en cincuenta euros!!!
La resaca se pasaba con un ibuprofeno, las medias te la sudan, el modelito de HyM se mete en la lavadora, la rodilla cicatrizaría y el tobillo tampoco te dolía tanto,..... Pero esas bragas,......
Niña, recupera tu dignidad, dúchate,....... Y cuando tengas un rato, llama a tu amiga y pregúntale por tus bragas,... Quién sabe, a lo mejor conoce su paradero. Y si los crees conveniente, dale las gracias por ser tu amiga, idiota.
Esta piltrafilla resacosa, se llama Sofía Collins, y esta será su historia.
Juls, 3 de diciembre de 2017
miércoles, 25 de octubre de 2017
JUSTICIA DE PIEL
El estreno había sido todo un éxito. Siete minutos de aplausos con ovación continuada. El siglo Siglo de Oro siempre garantizaba el 'no hay localidades', pero si el elenco hacía bien su trabajo, la gloria sobre las tablas estaba asegurada.
En el camerino todo eran felicitaciones a los protagonistas y pasada una media hora se hizo el silencio. El teatro iba quedando en calma. A ella le habían regalado un ramo de rosas rojas que se había dejado detrás del escenario y fue a buscarlo. las flores estaban sobre una silla, junto a las cuerdas de la tramoya. Al acercarse pudo sentir el olor delas rosas frescas y el perfume de su compañero protagonista de escena. No lo veía, sólo había penumbra y perfume. Al coger el ramo y llevárselo a la nariz para oler las rosas, sintió un escalofrío pro la espalda. Dos manos se afanaban desde atrás, en sumergirse bajo las enaguas de su disfraz, y una boca ardiente y ansiosa besaba y lamía un cuello agitado. Soltó el ramo dejándolo caer al suelo. Se dio la vuelta buscando la boca de su amante. El alcalde de Zalamea buscaba justicia más allá de su personaje; quería justicia en su piel y en su sexo. En medio de la agitación llegó el sosiego, las ganas lentas,.. Pero duraba poco. Las manos se impacientaban, las piernas temblaban y las bocas ardían. El teatro estaba cerrado, oscuro y sólo se oían gemidos. Con un movimiento brusco el amante la zarandeó y la sentó en la silla sumergiendo su cara entre sus piernas. Apretaba sus muslos buscando su lengua. Ella se echó hacia atrás agarrándose a las cuerdas del decorado; sentía que le flaqueaba el cuerpo. Cuando estaba a punto de correrse la bajó de la silla al suelo y la penetró sin medida, sin casi darle a tiempo a asimilar el placer. Y se dejaron ir.
Al día siguiente el teatro cerraba en su día de descanso. No había nadie, sólo una silla de madera rosas por el suelo. Se había hecho justicia.
Juls, 25 de octubre de 2017
En el camerino todo eran felicitaciones a los protagonistas y pasada una media hora se hizo el silencio. El teatro iba quedando en calma. A ella le habían regalado un ramo de rosas rojas que se había dejado detrás del escenario y fue a buscarlo. las flores estaban sobre una silla, junto a las cuerdas de la tramoya. Al acercarse pudo sentir el olor delas rosas frescas y el perfume de su compañero protagonista de escena. No lo veía, sólo había penumbra y perfume. Al coger el ramo y llevárselo a la nariz para oler las rosas, sintió un escalofrío pro la espalda. Dos manos se afanaban desde atrás, en sumergirse bajo las enaguas de su disfraz, y una boca ardiente y ansiosa besaba y lamía un cuello agitado. Soltó el ramo dejándolo caer al suelo. Se dio la vuelta buscando la boca de su amante. El alcalde de Zalamea buscaba justicia más allá de su personaje; quería justicia en su piel y en su sexo. En medio de la agitación llegó el sosiego, las ganas lentas,.. Pero duraba poco. Las manos se impacientaban, las piernas temblaban y las bocas ardían. El teatro estaba cerrado, oscuro y sólo se oían gemidos. Con un movimiento brusco el amante la zarandeó y la sentó en la silla sumergiendo su cara entre sus piernas. Apretaba sus muslos buscando su lengua. Ella se echó hacia atrás agarrándose a las cuerdas del decorado; sentía que le flaqueaba el cuerpo. Cuando estaba a punto de correrse la bajó de la silla al suelo y la penetró sin medida, sin casi darle a tiempo a asimilar el placer. Y se dejaron ir.
Al día siguiente el teatro cerraba en su día de descanso. No había nadie, sólo una silla de madera rosas por el suelo. Se había hecho justicia.
Juls, 25 de octubre de 2017
miércoles, 19 de julio de 2017
SIN MENSAJES
Se pidió un café con leche fría. Estaba tan nerviosa que llegó una hora antes de la cita. Se sentó en la terraza del Antoxo con un montón de mariposas en el estómago. Miraba a la gente pasar mientras daba pequeños sorbos a su café. De pronto, le llegó un mensaje al móvil. -Lo siento, me voy a retrasar diez o quince minutos, no te vayas.- Guardó el móvil en el bolso y durante unos segundos sintió algo de alivio. No quería enfrentarse a aquella cita y por otro lado lo estaba deseando. Por fin parecía que su vida se encaminaba hacia algo bonito. Ella sí que era bonita, pensó. Era bonita en todos los aspectos y tenía la suerte de haberla tenido en su cama en los últimos días. Qué importaban diez o quince minutos si cuando llegase su mera presencia lo impregnaría todo. Y la besaría. Oh sí, la besaría. Con el ansia con que se besan una pareja de colegiales a escondidas. Buscaría su boca como agua fresca de verano y se hundiría en su cuello al calor del deseo. Aún recordaba la otra tarde en la que se fueron a casa de ella presas de un terrible calentón. No tenía ni un solo trozo de piel por el que ella no hubiera pasado su lengua. Recordar todo aquello provocaba su deseo. Se terminó su café y pidió un vaso a de agua y el camarero se lo trajo con la cuenta en un platillo de plástico endeble.
La hora de la cita, más quince minutos de retraso avisado, ya había pasado. De hecho, había pasado ya un hora. Cogió su móvil. No había mensajes ni llamadas que no hubiera escuchado. A los dos minutos, cuando decidió marcharse apareció ella. Y efectivamente, se besaron. Casi con desesperación, con un 'bésame primero y luego justificas tu tardanza'. Se comieron la una a la otra. Después de eso lo único que quedaba era estar piel con piel, boca a boca, corazón abierto y entre sus piernas, nada más. Se querían, se follaban y se volvían a querer.
-Perdone, vamos a cerrar.- El camarero la devolvió de pronto al mundo real. Durante un rato recordó sus besos y su cuerpo perdiendo la noción del tiempo. No se había presentado. Casi era de esperar. O no. Daba igual. Pagó su café y se fue. Quizá ya no era tan bonita, quizá sólo fue sexo. Y sin embargo volvería a besarla.
Juls, 20 de julio de 2017
La hora de la cita, más quince minutos de retraso avisado, ya había pasado. De hecho, había pasado ya un hora. Cogió su móvil. No había mensajes ni llamadas que no hubiera escuchado. A los dos minutos, cuando decidió marcharse apareció ella. Y efectivamente, se besaron. Casi con desesperación, con un 'bésame primero y luego justificas tu tardanza'. Se comieron la una a la otra. Después de eso lo único que quedaba era estar piel con piel, boca a boca, corazón abierto y entre sus piernas, nada más. Se querían, se follaban y se volvían a querer.
-Perdone, vamos a cerrar.- El camarero la devolvió de pronto al mundo real. Durante un rato recordó sus besos y su cuerpo perdiendo la noción del tiempo. No se había presentado. Casi era de esperar. O no. Daba igual. Pagó su café y se fue. Quizá ya no era tan bonita, quizá sólo fue sexo. Y sin embargo volvería a besarla.
Juls, 20 de julio de 2017
lunes, 19 de junio de 2017
NECESIDAD
Ese sentimiento de querer ser tocada. Que te toquen con delicadeza y con ansia, con pasión que mate la desgana. A veces es más fuerte que tú; a veces, lo buscas,... Pero estás sola. No hay nadie al otro lado de la cama; en ningún lado de la cama y sólo entonces, te das cuenta de que unas manos en tu piel se convierten en una necesidad imperiosa. Sentir el olor de la piel ajena, la humedad de las lenguas, el calor al rozarse,... Cuerpo receptivo, piernas abiertas, caderas dispuestas,... Pero estás sola y lo único que provocas con esos pensamientos es excitarte más de la cuenta llevándote la mano a la entrepierna. Te buscas con los dedos donde otros te perdieron; tus manos encuentran lo que otras ni siquiera tocaron. Y te arrastras por el colchón entre gemidos, deshaciendo la cama y tirando de las sábanas con fuerza, porque el orgasmo te fulmina provocando una sacudida en tu interior, estirando los pies... Te agarras a las sábanas porque no hay nada ni nadie a lo que agarrarse en el momento del clímax. La ventana está abierta y entra frío. Te tapas. Esa necesidad de ser tocada... Con delicadeza y con ansia.
Juls, 20 de junio de 2017
Juls, 20 de junio de 2017
martes, 6 de junio de 2017
BATAS BLANCAS
El verano iba conquistando los últimos territorios a la primavera. Hacía demasiado calor para ser junio y se formaban tormentas de esas bochornosas que te hacen sudar sólo con moverte. Y ella sudaba. Mucho. Sobre todo por la cabeza, pero su trabajo no le permitía en ese momento quitarse ninguna prenda. Aquella tarde en que el cielo estaba ennegrecido por nubes de tormenta y el calor era insoportable, ella llevaba por encima de su ropa una bata blanca con un bolígrafo y un portaminas en el bolsillo superior y una libreta en el inferior, unos guantes blancos y una mascarilla que cubría su boca y su nariz, y sus gafas de pasta negras que se le iban resbalando por la cara. Y por supuesto, un pañuelo en la cabeza a la altura de la frente para evitar que el sudor le corriera por los ojos o goteara sobre el códice que estaba examinando. Tenía la espalda empapada y sentía la ropa pegada a su piel. Eso era lo que más odiaba del verano. Su pelo estaba recogido con una trenza de raíz que estaba mojada. De pronto, en el silencio del despacho, en medio de aquella concentración, sintió aún más calor por detrás de ella y unas manos firmes le apretaron la base del cuello provocándole un escalofrío. Con sumo cuidado ella posó la página del códice, se incorporó y se quitó la mascarilla al tiempo que se giraba para quedar de frente a su opresor. Él también sudaba. Llevaba otra de esas batas de laboratorio y al tenerlo tan cerca pudo oler esa mezcla entre su perfume habitual y el olor a la piedra vieja y húmeda tan típico de las criptas medievales. En algún momento las manos de él se colaron en el interior de la bata de ella apretando sus nalgas.
-Estoy sudando muchísimo, eres muy pesado. Estoy empapada, suéltame.- Ella pronunció aquellas palabras en un tono que prácticamente venía a significar 'deja de meterme mano pero tampoco me hagas caso y mete tu mano por donde quieras'.
-Enséñame lo empapada que estás,...- dijo él. Y se enredaron en un beso interminable y en caricias interminables. Fuera tronaba y llovía; la lluvia producía pompas de agua al llegar al suelo; llovía de forma inclemente, como inclementes eran las embestidas de él al penetrarla tirados en el suelo. Ella no sabía si gemía de dolor o de placer, o de las dos cosas. Sólo gemía y se agarraba a las patas de la mesa por encima de su cabeza y en medio de un relámpago eterno, se corrió. Y se quedaron allí enganchados, desnudos sobre las batas, teniendo como único testigo la lluvia y un códice del siglo XII.
-Apártate, me das un calor horrible,- dijo ella. Y él la miró con una sonrisa pícara. Después de un rato, el códice temblaba bajo la mesa. Hacía mucho calor.
Juls, 7 de junio de 2017
-Estoy sudando muchísimo, eres muy pesado. Estoy empapada, suéltame.- Ella pronunció aquellas palabras en un tono que prácticamente venía a significar 'deja de meterme mano pero tampoco me hagas caso y mete tu mano por donde quieras'.
-Enséñame lo empapada que estás,...- dijo él. Y se enredaron en un beso interminable y en caricias interminables. Fuera tronaba y llovía; la lluvia producía pompas de agua al llegar al suelo; llovía de forma inclemente, como inclementes eran las embestidas de él al penetrarla tirados en el suelo. Ella no sabía si gemía de dolor o de placer, o de las dos cosas. Sólo gemía y se agarraba a las patas de la mesa por encima de su cabeza y en medio de un relámpago eterno, se corrió. Y se quedaron allí enganchados, desnudos sobre las batas, teniendo como único testigo la lluvia y un códice del siglo XII.
-Apártate, me das un calor horrible,- dijo ella. Y él la miró con una sonrisa pícara. Después de un rato, el códice temblaba bajo la mesa. Hacía mucho calor.
Juls, 7 de junio de 2017
lunes, 17 de abril de 2017
PERFUME AUSENTE
Hueles a tabaco y a rosas. Resulta embriagador acercarse a ti. Es una mezcla curiosa a la par que resultona, porque allá por donde pasas dejas huella. Hueles a tabaco y a rosas y mi piel es el jardín en el que fumas y perfumas. Cada vez que entras en mi cama tu olor se impregna en las sábanas, en la almohada, en el pijama que intento ponerme y que me quitas a base de meterme mano, en mi pelo, en mis muslos, en mi sexo,...
Por la mañana hueles a café recién hecho, café arábigo en cafetera italiana. Yo voy hacia la cocina en busca de una taza como la yonqui que busca su dosis diaria. Y me robas largos y profundos besos con sabor a café sólo. Me robas los besos, me robas el deseo y las ganas, me desvalijas entera entre gemidos. Sabes dónde y cómo robarme. Ladrona de guante blanco con maneras de carterista y medios de persuasión impecables. Estafadora de alcoba.
En la hora vespertina hueles a chocolate. Cacao amargo con un cien por cien pureza. Mi lengua no puede resistirse a algo así. Mi nariz te encuentra y mi lengua te saborea. Sin más, sin aditivos, nada de chocolate con leche ni mezclas de meriendas infantiles. Quiero cacao amargo en mi boca y lo quiero ahora. Lo tomo de tu espalda, de tu pecho, de tus hombros,... Y me lo das con una sonrisa pícara porque sabes que me tienes donde quieres. Siempre tan calculadora, tan perfecta y diligentemente calculadora.
Al llegar la madrugada te respiro a cuero repujado. Hueles a piel salvaje lavada y tratada para ser dibujada a punzón con suma delicadeza. Trabajo de alta marroquinería. Piel con la que me abrigo y con la que me fundo en un sexo abrasador, un sexo ardiente que casi duele y de nuevo por la mañana,....
Por la mañana estoy sola. Terriblemente sola. Preparando café en mi cafetera italiana, con un pijama de invierno, masticando un bombón rancio de una caja olvidada y con la piel curtida por el paso del tiempo, que no por caricias.
Hueles a tabaco y a rosas. Te espero.
Juls, 18 de abril de 2017
Por la mañana hueles a café recién hecho, café arábigo en cafetera italiana. Yo voy hacia la cocina en busca de una taza como la yonqui que busca su dosis diaria. Y me robas largos y profundos besos con sabor a café sólo. Me robas los besos, me robas el deseo y las ganas, me desvalijas entera entre gemidos. Sabes dónde y cómo robarme. Ladrona de guante blanco con maneras de carterista y medios de persuasión impecables. Estafadora de alcoba.
En la hora vespertina hueles a chocolate. Cacao amargo con un cien por cien pureza. Mi lengua no puede resistirse a algo así. Mi nariz te encuentra y mi lengua te saborea. Sin más, sin aditivos, nada de chocolate con leche ni mezclas de meriendas infantiles. Quiero cacao amargo en mi boca y lo quiero ahora. Lo tomo de tu espalda, de tu pecho, de tus hombros,... Y me lo das con una sonrisa pícara porque sabes que me tienes donde quieres. Siempre tan calculadora, tan perfecta y diligentemente calculadora.
Al llegar la madrugada te respiro a cuero repujado. Hueles a piel salvaje lavada y tratada para ser dibujada a punzón con suma delicadeza. Trabajo de alta marroquinería. Piel con la que me abrigo y con la que me fundo en un sexo abrasador, un sexo ardiente que casi duele y de nuevo por la mañana,....
Por la mañana estoy sola. Terriblemente sola. Preparando café en mi cafetera italiana, con un pijama de invierno, masticando un bombón rancio de una caja olvidada y con la piel curtida por el paso del tiempo, que no por caricias.
Hueles a tabaco y a rosas. Te espero.
Juls, 18 de abril de 2017
jueves, 13 de abril de 2017
LO QUE NO TENGO...
Tu mano en mi cadera,
tu boca en mi cuello
y mis piernas en tu espalda.
Eso es lo que me das,
eso es lo que no tengo.
Mi labios en tu aliento,
mis muslos en tus brazos
y tu lengua en mi centro.
Eres lo que deseo,
eres lo que no tengo.
tu boca en mi cuello
y mis piernas en tu espalda.
Eso es lo que me das,
eso es lo que no tengo.
Mi labios en tu aliento,
mis muslos en tus brazos
y tu lengua en mi centro.
Eres lo que deseo,
eres lo que no tengo.
lunes, 10 de abril de 2017
BESOS Y LLUVIA CAP. VI
Haberla visto y verla marchar de nuevo, le había provocado un dolor profundo que parecía no cesar. Eran las dos de la madrugada y había tormenta. Paula estaba completamente desvelada. Después de un rato largo mirando por la ventana se vistió y salió a la calle. Caminaba despacio; empaparse le daba igual. Y sólo así, bajo la lluvia, supo que amaba a Elena sin medida. La necesitaba en su vida más que el aire que respiraba. Si la perdía, se perdería a sí misma para siempre.
Estuvo deambulando durante horas para finalmente terminar en su bar. Entró como todas las mañanas pero ese día decidió que abriría. Llamaría a Carlos y le daría el día libre. Y de pronto se paró en seco. Elena estaba sentada en la barra, medio encogida de frío.
-No me preguntes cómo he conseguido entrar, sólo quiero un café sólo y te pediré perdón mil veces si hace falta.- En ese momento Carlos salía de la trastienda y mirando a Paula dijo:
-Fui yo quien le abrió la puerta del bar, me lo puedes descontar del sueldo.- Paula no decía nada, sólo miraba a Elena. Se colocó detrás de la barra y puso en marcha la cafetera. Con movimientos secos le sirvió un café sólo en un vaso grande de whisky, y luego se sentó con ella en la barra. No hablaban. Apenas se oían respirar. Entonces Paula movió su banqueta acercándose más hacia ella. Tanto, que sus rodillas se cruzaron.
-Por favor, no vuelvas a irte. Dijiste que estropeabas todo aquello que tocabas, pero no es cierto. Desde que entraste en mi vida soy mejor persona, y no puedo soportar el dolor de tu partida si es que te vas de nuevo. No tengo nada que ofrecerte, sólo un bar y mi amor infinito. Seré yo quien te pida mil perdones, pero por favor, no me dejes,...- Se le hizo un nudo en la garganta y comenzó a llorar; Paula le estaba abriendo su corazón y Elena no parecía inmutarse. Le daba vueltas al vaso de café con la punta de los dedos.
-Elena,....... por favor,......- Elena le cerró la calló con un dedo en los labios y le contestó.
-¿Ahora es el momento en el que yo tengo que decir algo o te beso sin más? Te quiero como no he querido a nadie y eso me asusta. No quiero cagarla otra vez.-
Se acariciaron la cara entre lágrimas con una medio sonrisa tonta, de esas que casi no puedes controlar. Y se besaron. Con la calidez y la ternura de la primera vez, y con la pasión y el desenfreno de saberse amadas. Se besaron mientras fuera llovía.
-Creo que en la trastienda tengo un paraguas, puedo ir a buscarlo.- dijo Paula.
-No,- dijo Elena mientras se quitaba su larguísima bufanda naranja. -Lo buscaremos las dos,..... y lo demás, ya lo vamos viendo,....- Entraron en la trastienda besándose y tocándose, aquí y allá, con ansia, con desesperación, con ganas acumuladas. El café sólo, en vaso de whisky, seguía intacto en la barra.
Estuvo deambulando durante horas para finalmente terminar en su bar. Entró como todas las mañanas pero ese día decidió que abriría. Llamaría a Carlos y le daría el día libre. Y de pronto se paró en seco. Elena estaba sentada en la barra, medio encogida de frío.
-No me preguntes cómo he conseguido entrar, sólo quiero un café sólo y te pediré perdón mil veces si hace falta.- En ese momento Carlos salía de la trastienda y mirando a Paula dijo:
-Fui yo quien le abrió la puerta del bar, me lo puedes descontar del sueldo.- Paula no decía nada, sólo miraba a Elena. Se colocó detrás de la barra y puso en marcha la cafetera. Con movimientos secos le sirvió un café sólo en un vaso grande de whisky, y luego se sentó con ella en la barra. No hablaban. Apenas se oían respirar. Entonces Paula movió su banqueta acercándose más hacia ella. Tanto, que sus rodillas se cruzaron.
-Por favor, no vuelvas a irte. Dijiste que estropeabas todo aquello que tocabas, pero no es cierto. Desde que entraste en mi vida soy mejor persona, y no puedo soportar el dolor de tu partida si es que te vas de nuevo. No tengo nada que ofrecerte, sólo un bar y mi amor infinito. Seré yo quien te pida mil perdones, pero por favor, no me dejes,...- Se le hizo un nudo en la garganta y comenzó a llorar; Paula le estaba abriendo su corazón y Elena no parecía inmutarse. Le daba vueltas al vaso de café con la punta de los dedos.
-Elena,....... por favor,......- Elena le cerró la calló con un dedo en los labios y le contestó.
-¿Ahora es el momento en el que yo tengo que decir algo o te beso sin más? Te quiero como no he querido a nadie y eso me asusta. No quiero cagarla otra vez.-
Se acariciaron la cara entre lágrimas con una medio sonrisa tonta, de esas que casi no puedes controlar. Y se besaron. Con la calidez y la ternura de la primera vez, y con la pasión y el desenfreno de saberse amadas. Se besaron mientras fuera llovía.
-Creo que en la trastienda tengo un paraguas, puedo ir a buscarlo.- dijo Paula.
-No,- dijo Elena mientras se quitaba su larguísima bufanda naranja. -Lo buscaremos las dos,..... y lo demás, ya lo vamos viendo,....- Entraron en la trastienda besándose y tocándose, aquí y allá, con ansia, con desesperación, con ganas acumuladas. El café sólo, en vaso de whisky, seguía intacto en la barra.
sábado, 14 de enero de 2017
BESOS Y LLUVIA, CAP. V
El agua de la bañera estaba muy caliente. Se había pasado pero le daba igual. Cuanto más caliente mejor. Se sentía sucia; por dentro y por fuera, y necesitaba agua caliente y mucho jabón. Y muchos pañuelos para secarse las lágrimas. Paula lloraba dentro de su bañera como una niña pequeña a la que habían castigado por hacer la mayor de las travesuras. Lloraba desconsoladamente, con mucho desasosiego, con un hipo profundo y que no podía controlar.
Se puso su albornoz de flores azules y una toalla en la cabeza, y se fue al salón. Y allí estaba ella. De pie. Callada. Elena, con sus mejillas sonrosadas y sus labios de cereza. Se quedaron en silencio mientras se miraban a los ojos.
-Márchate. No vuelvas a entrar en mi casa.- Paula soltó aquellas palabras casi como saetas envenenadas. Pero era mentira. Lo último que quería Paula era que ella se fuera. Esas palabras provenían de su orgullo pero no de su corazón. Tenerla delante era como una última oportunidad de verla.
-Dale recuerdos a Felipe de mi parte,- dijo Elena. Y se fue por donde había venido.
Paula se quedó desconcertada. ¿Los había visto? ¿Había estado allí? ¿Por qué no habló con ella? La asaltaban mil preguntas sin respuesta mientras corría en albornoz hacía la ventana y la abría.
-¡Elena!- gritó. ¡No te vayas, espera!- Elena se paró al final de la calle mirando hacia la casa. Paula se vistió deprisa y salió a por ella.
- ¿Por qué no me avisaste de que estabas en el bar?,- preguntó Paula.
-¿Besa bien?,- Elena era tajante y seca. -¿Sus caricias son las mías?
-¡Te fuiste! ¿Recuerdas? Y ni siquiera sé por qué, así que, creo que no tienes ningún derecho a pedirme explicaciones.
-Me fui porque me tenía miedo. Estropeo todo lo que toco y me fui porque necesitaba pensar en nosotras. Y cuando vuelvo te veo ahí en el suelo follando con ese,... imbécil. Se me cayó el mundo a los pies... - Paula la cortó.
-¿Qué necesitabas, joder? ¿Por qué no hablaste conmigo primero? Te quería, habría intentado entender lo que fuera,...
-Lo siento...- atisbó a decir Elena en medio de un sollozo ahogado.
-No vuelvas a decirme que lo sientes...-dijo Paula. -No vuelvas a decirlo.- Paula era la damnificada pero en ese preciso instante sólo quería abrazarla. Así de sencillo.
Elena sabía que lo había hecho mal, pero ya no había marcha atrás. Casi le repugnaba pensar que la boca de Paula había vuelto a la de Felipe....
-¿Por qué con él?....-Elena necesitaba aquella respuesta más que cualquier otra.
-No pasó nada.-contestó Paula. - No se puede tener sexo con alguien que no deja de llorar repitiendo el nombre de Elena todo el tiempo. Estaba tan dolida.... No supe nada de ti hasta hace un rato, creí que me habías abandonado de mala manera, para siempre, y salgo de mi baño y te encuentro ahí de pie,..... Tan bonita como siempre,.... Y yo queriendo besarte por debajo de mi orgullo.
Paula se fue acercando a ella muy despacio.
-No te acerques, Paula. Anoche, al verte allí tirada con él en el suelo,.... sentí un asco profundo,....- Y era cierto. De hecho, Elena podría haber entendido cualquier reacción negativa por parte de Paula, pero no aquello.
-No debí venir,....-dijo Elena. Y Paula se quedó en medio de la calle, quieta, mientras veía como por segunda vez Elena se marchaba de su vida.
-Sus caricias no son las tuyas, claro que no,...- se susurró así misma,.... -Nunca lo serán.-
Y mientras, Elena, se metía en su coche sin poder dejar de llorar.
Juls, 14 de enero de 2017
Se puso su albornoz de flores azules y una toalla en la cabeza, y se fue al salón. Y allí estaba ella. De pie. Callada. Elena, con sus mejillas sonrosadas y sus labios de cereza. Se quedaron en silencio mientras se miraban a los ojos.
-Márchate. No vuelvas a entrar en mi casa.- Paula soltó aquellas palabras casi como saetas envenenadas. Pero era mentira. Lo último que quería Paula era que ella se fuera. Esas palabras provenían de su orgullo pero no de su corazón. Tenerla delante era como una última oportunidad de verla.
-Dale recuerdos a Felipe de mi parte,- dijo Elena. Y se fue por donde había venido.
Paula se quedó desconcertada. ¿Los había visto? ¿Había estado allí? ¿Por qué no habló con ella? La asaltaban mil preguntas sin respuesta mientras corría en albornoz hacía la ventana y la abría.
-¡Elena!- gritó. ¡No te vayas, espera!- Elena se paró al final de la calle mirando hacia la casa. Paula se vistió deprisa y salió a por ella.
- ¿Por qué no me avisaste de que estabas en el bar?,- preguntó Paula.
-¿Besa bien?,- Elena era tajante y seca. -¿Sus caricias son las mías?
-¡Te fuiste! ¿Recuerdas? Y ni siquiera sé por qué, así que, creo que no tienes ningún derecho a pedirme explicaciones.
-Me fui porque me tenía miedo. Estropeo todo lo que toco y me fui porque necesitaba pensar en nosotras. Y cuando vuelvo te veo ahí en el suelo follando con ese,... imbécil. Se me cayó el mundo a los pies... - Paula la cortó.
-¿Qué necesitabas, joder? ¿Por qué no hablaste conmigo primero? Te quería, habría intentado entender lo que fuera,...
-Lo siento...- atisbó a decir Elena en medio de un sollozo ahogado.
-No vuelvas a decirme que lo sientes...-dijo Paula. -No vuelvas a decirlo.- Paula era la damnificada pero en ese preciso instante sólo quería abrazarla. Así de sencillo.
Elena sabía que lo había hecho mal, pero ya no había marcha atrás. Casi le repugnaba pensar que la boca de Paula había vuelto a la de Felipe....
-¿Por qué con él?....-Elena necesitaba aquella respuesta más que cualquier otra.
-No pasó nada.-contestó Paula. - No se puede tener sexo con alguien que no deja de llorar repitiendo el nombre de Elena todo el tiempo. Estaba tan dolida.... No supe nada de ti hasta hace un rato, creí que me habías abandonado de mala manera, para siempre, y salgo de mi baño y te encuentro ahí de pie,..... Tan bonita como siempre,.... Y yo queriendo besarte por debajo de mi orgullo.
Paula se fue acercando a ella muy despacio.
-No te acerques, Paula. Anoche, al verte allí tirada con él en el suelo,.... sentí un asco profundo,....- Y era cierto. De hecho, Elena podría haber entendido cualquier reacción negativa por parte de Paula, pero no aquello.
-No debí venir,....-dijo Elena. Y Paula se quedó en medio de la calle, quieta, mientras veía como por segunda vez Elena se marchaba de su vida.
-Sus caricias no son las tuyas, claro que no,...- se susurró así misma,.... -Nunca lo serán.-
Y mientras, Elena, se metía en su coche sin poder dejar de llorar.
Juls, 14 de enero de 2017
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