Hueles a tabaco y a rosas. Resulta embriagador acercarse a ti. Es una mezcla curiosa a la par que resultona, porque allá por donde pasas dejas huella. Hueles a tabaco y a rosas y mi piel es el jardín en el que fumas y perfumas. Cada vez que entras en mi cama tu olor se impregna en las sábanas, en la almohada, en el pijama que intento ponerme y que me quitas a base de meterme mano, en mi pelo, en mis muslos, en mi sexo,...
Por la mañana hueles a café recién hecho, café arábigo en cafetera italiana. Yo voy hacia la cocina en busca de una taza como la yonqui que busca su dosis diaria. Y me robas largos y profundos besos con sabor a café sólo. Me robas los besos, me robas el deseo y las ganas, me desvalijas entera entre gemidos. Sabes dónde y cómo robarme. Ladrona de guante blanco con maneras de carterista y medios de persuasión impecables. Estafadora de alcoba.
En la hora vespertina hueles a chocolate. Cacao amargo con un cien por cien pureza. Mi lengua no puede resistirse a algo así. Mi nariz te encuentra y mi lengua te saborea. Sin más, sin aditivos, nada de chocolate con leche ni mezclas de meriendas infantiles. Quiero cacao amargo en mi boca y lo quiero ahora. Lo tomo de tu espalda, de tu pecho, de tus hombros,... Y me lo das con una sonrisa pícara porque sabes que me tienes donde quieres. Siempre tan calculadora, tan perfecta y diligentemente calculadora.
Al llegar la madrugada te respiro a cuero repujado. Hueles a piel salvaje lavada y tratada para ser dibujada a punzón con suma delicadeza. Trabajo de alta marroquinería. Piel con la que me abrigo y con la que me fundo en un sexo abrasador, un sexo ardiente que casi duele y de nuevo por la mañana,....
Por la mañana estoy sola. Terriblemente sola. Preparando café en mi cafetera italiana, con un pijama de invierno, masticando un bombón rancio de una caja olvidada y con la piel curtida por el paso del tiempo, que no por caricias.
Hueles a tabaco y a rosas. Te espero.
Juls, 18 de abril de 2017
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