martes, 5 de diciembre de 2017

QUITAPENAS

   Cuando te dije que quería verte, pensaba que sería una buena idea. Brindar  por lo que somos, por lo bien que lo hacemos cuando estamos juntas. Pero según se acercaba el momento de vernos me entraba un vértigo de esos que te hace sentir mariposas en el estómago y te crea un nerviosismo tonto. Fue verte ahí, sola, pensando en tus cosas, tan quieta, tan callada que me dije; sí, quiero verla, quiero tocarla, sentir su frío húmedo, su dulzor, su acidez en mis labios,.... Fíjate, pensaba yo que sería una gran idea, pero no. Al cabo de un rato largo, mi boca te saboreaba sin ningún tipo de pudor, sin límites, sin censuras,.... Mi mano en tu cuello, bajando hacia tu cintura, acariciando cada centímetro, dejando que las yemas de mis dedos se deleiten. Mi lengua fundida contigo en un beso largo, lento, profundo, robándonos el aliento y parte de la existencia. Cuando nos dimos cuenta, estábamos las dos tiradas sobre el sofá, calladas, sin decir nada, sólo asimilando el momento. Decididamente, no debimos vernos. No de aquella manera. Yo pretendía que nuestro encuentro fuera especial, de celebración, un encuentro de dos amigas que se ven y se quieren en su justa medida. Pero me di cuenta de que eso era imposible. Yo no era capaz de tenerte delante sin tener ganas de tomarte.
No te ofendas, pero espero no volver a verte si no es para darnos un abrazo de los buenos. Sencillamente, no puedo permitirme terminar así cada vez que te veo,..... Botella de vino blanco,..... Tu resaca no es el amor que busco,.... Pero por si acaso, amiga fiel, siempre habrá un sitio en mi nevera para ti.

                                                     Juls, 6 de diciembre de 2017

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