Se sentó a ver llover desde una de las mesas de la terraza del pub. No estaba teniendo un buen día y el cuerpo le pedía azúcar en cantidad. Se puso a pensar en que su vida estaba bastante estancada, se sentía como si de pronto no estuviera contenta con nada de lo que tenía. Pidió un café vienés, con doble de nata y una porción de tarta de zanahoria. Entonces, aparteció Jack O'Brian con su pedido y lo colocó delante de ella sobre la mesa. Junto al café había una pequeña cajita negra. Jack se sentó con ella.
-¿Qué es esto?-, preguntó ella.
-Ábrelo.- Jack contestó serio pero a la vez con una media sonrisa que se escapaba por una comisura. Sofía abrió la cajita y al ver lo que había dentro, lo miró a él.
-Vaya,.... así que, mi enorme resaca del otro día no me engañaba. Mi preciada braguita de encaje de Brujas estaba en tu poder. ¿Por qué no me la devolviste la otra tarde cuando estuve aquí con Judy? ¿O es que quieres que follemos otra vez y se te ha ocurrido que trayéndome las bragas voy a ir corriendo a tu almacén a tirarme en tus brazos?- Sofía no estaba de humor para esas tonterías. Si era eso lo que él quería, ella le diría que estupendo, pero que esa tarde se tendría que consolar él solito contra la puerta.
-No te creas el ombligo del mundo Sofía. Te las traigo porque no me parece bien tenerlas por ahí en mi pub y porque sencillamente son tuyas. Pero vamos, que con ese humor, tú y tu braga de mierda os podéis ir a tomar por culo. Son cuatro euros,- dijo Jack, mientras se levantaba de la mesa y señalaba la consumición. Sofía no dijo nada. Se quedó callada saboreando la nata de su café vienés mirando a la nada, observando como llovía. Jack tenía cincuenta y cinco años y ella treinta y siete. Técnicamente podía ser su padre, pero lo que era en realidad era su amante, su amigo con derecho a roce, su 'follamigo',... Se conocieron hacía unos cuatro o cinco años, en la fiesta de cumpleaños de un amigo en común y se sintieron atraídos el uno por el otro casi de inmediato. Empezaron a tontear la Navidad pasada, una noche de viernes que hizo que terminaran en casa de Jack a las seis de la mañana dándolo todo sexualmente hablando. Judy nunca se cansaba de decirle a Sofía que esa relación no tenía ningún futuro, no al menos, de la forma en que la planteaban y aunque Sofía pensaba igual, lo cierto era que Jack la tenía atrapada. Ambos se habían atrapado en una vorágine de sexo sin derecho a nada más. Era como un contrato verbal silencioso en el que se da por hecho que hay unos límites que no deben traspasar. Follar era una cosa. Amarse era otra muy distinta que distaba mucho de ir perdiendo bragas por ahí y de llamadas taciturnas de Jack pidiéndole una hora de su tiempo a Sofía, un polvo rápido en los momentos libres de trabajo, o aprovechando el ir a la compra y cómo no, ir al pub a tomar un café y acabar en el almacén, para variar. Sofía se había interrogado así misma muchas veces, autojuzgándose por todo aquello, sin llegar a una conclusión clara. Se preguntaba si era eso lo que quería tener en su vida. Y como siempre su amiga Judy, la ayudaría con la respuesta, de la misma manera que la ayuda en todo lo demás.
-A ver si lo adivino, cariño; le has dado una contestación de las tuyas y lógicamente, se ha cabreado. Eres la leche, Sofi,...- Judy apareció quince minutos después de recibir un whatsapp de Sofía en el que le decía: 'estoy en el pub y no creo que haya tarta suficiente para hoy', a lo que Judy no contestó. La dejó en visto, y simplemente, se presentó allí.
-Al menos has encontrado tus carísimas bragas, yo vengo de Primark y me he comprado tres paquetes de cinco unidades cada uno, por diez euros. Así, si las pierdo no tendré que ir al psicólogo después por haber extraviado una prenda de ropa interior que vale varias horas extras en mi curro.- Judy tenía ese punto entre cómico, sarcástico e irónico que la hacían tan divertida y tan peculiar al mismo tiempo. Sofía le hablaba con la boca llena de nata de su segundo café vienés con doble nata.
-Podría haberme dado por la filatelia, la numismática, los coches, figuritas de Star Wars o Harry Potter o esculturas horteras de Lladró, pero es que resulta que me gusta la lencería cara. Cada uno gasta su dinero como le da la gana. Oye Judy,......- Sofía quería la opinión de su amiga, la necesitaba.....
-¿Qué crees que somos Jack y yo?- Y Judy respondió con una lógica tan aplastante y tan natural que Sofía sintió miedo de su propia reflexión interior tras escucharla.
-Los amantes aman, los follamigos follan,...... Tú, ¿Dónde te ubicas? ¿Dónde se ubica Jack?
Las palabras de Judy silenciaron a Sofía. En ese momento salió un camarero y le pidió un café vienes con doble de nata y sin café.
Juls, 17 de diciembre de 2017
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