sábado, 2 de diciembre de 2017

1 ENCAJE DE BRUJAS


SOFÍA Y LA PERLA



Ilustración por @_jc.shop

     Mírate, ahí tirada. Vomitando hasta la bilis que ya no te queda. Qué asco das, chata. Es repulsivo verte ahí, arrojar tus intestinos ebrios y maltratados por un garrafón engañoso de esos que te hace creer que todo es tan maravilloso y estupendo, hasta que llega el primer mareo, las ganas incontrolables de ir a mear con la pobre de tu mejor amiga y el primer resbalón con caída incluida sobre tu propia pota. Verdaderamente das mucha pena, querida. Pero lo peor aún está por llegar. Sí, reina mora. Hay que volver a casa, y sabes que ni siquiera eso es lo peor. Lo peor es que no sabes dónde están las llaves de la puerta,.... Cómo vas a saberlo, si tampoco eres capaz de vocalizar correctamente un 'hasta mañana' a la pobre de tu mejor amiga, que con toda la paciencia que le da ese título, te ha levantado del charco de vómito alcohólico, te ha sostenido para que no volvieras a caer, te ha lavado la cara, las manos, ha limpiado como ha podido tu modelito del HyM, ha curado tu rodilla langrada por la caída, te ha metido en el coche y te ha llevado a casa. Eres verdaderamente patética. Y ahora, como si no tuvieras bastante, estás espanzurrada en el sofá, porque no eres capaz ni de quitarte el sujetador con la melopea que llevas. Después de dar dos vueltas sobre ti misma, como un perrillo buscando su cola, decides que dormir con el sujetador tampoco es tan malo. Te tuerces un tobillo intentando descalzarte esos tacones setenteros, que según tu vecina, vuelven a estar de moda, pero a ti se te ha olvidado que tacones no usas, y claro, los olvidos se pagan. Tus pantis tienen tantas carreras que los de la Fórmula 1 no lo tienen claro contigo, ni ellos ni tu madre, que es la que los compró; veintidós euros de pantis, guapa. Ya podrías haber tenido cuidado. Y tu pelo. Lleno de vómito, enredado y maloliente. Mírate, nunca en tu vida te has visto en una de estas. Y te quedas dormida en el sofá, apestado a borrachera barata, hecha polvo, con una rodilla herida y un tobillo hinchado. Ya por la mañana te despiertas porque te haces pis, y te arrastras con los ojos legañosos hasta el baño y,..... ¡Sorpresa! ¿Por qué no llevas bragas? ¿Hola?... Esta sí que es buena; si pensabas que no habría nada que lo superase,... Zas, en toda la boca, o mejor dicho, en todo el chocho que llevas al aire desde ni te acuerdas, porque ni te habías dado cuenta de que no llevas bragas. La resaca es tan grande, que aunque estás intrigada por averiguar dónde pueden estar tus bragas, lo cierto es que al minuto ya se te ha olvidado. Te limpias y entonces viene lo mejor. Te miras en el espejo. Y ves lo que queda de ti después de una noche de la que apenas recuerdas cosas. Observas tu rostro en el espejo con cierto interés, como si no reconocieras a la que allí se refleja. Y lloras. No entiendes cómo es posible, cómo ha podido suceder, pero en qué estabas pensando, ¡¡¡Qué mierda tenías en la cabeza para perder una braga de encaje de Brujas de La Perla, en blanco roto, valoradas en cincuenta euros!!!
La resaca se pasaba con un ibuprofeno, las medias te la sudan, el modelito de HyM se mete en la lavadora, la rodilla cicatrizaría y el tobillo tampoco te dolía tanto,..... Pero esas bragas,......
Niña, recupera tu dignidad, dúchate,....... Y cuando tengas un rato, llama a tu amiga y pregúntale por tus bragas,... Quién sabe, a lo mejor conoce su paradero. Y si los crees conveniente, dale las gracias por ser tu amiga, idiota.
     Esta piltrafilla resacosa, se llama Sofía Collins, y esta será su historia.


                                          Juls, 3 de diciembre de 2017

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