Sofía estaba sentada en la mesa de su oficina examinando un catálogo de pintura vanguardista. Su misión esa mañana consistía en elegir una serie de cuadros para la próxima exposición de la galería para la que trabajaba su empresa. Llevaba dos semanas trabajando como una mula porque eso era lo único que le hacía olvidar la ausencia de Judy. Dos semanas sin una respuesta, sin un mensaje, una llamada, algo que le dijese que estaba bien. Y sin embargo, no hacía más que recibir ramos mails desde Estambul, de Hassan. Cada vez que Sofía se acordaba de su tórrido encuentro sexual con él, casi le daban escalofríos. Podía recordar el champán cayendo sobre su cuerpo mientras él se los bebía a los dos; al champán y a ella. Tenía más de veinte mails de Hassan en su correo pero no era capaz de contestar ninguno. Habían follado y se habían corrido mutuamente casi hasta el desgate, en un hotel de cinco estrellas en Estambul, como si de una novela erótica a la antigua usanza se tratara. Él se había encandilado de ella pero ella,...... Sencillamente, la ponía cachonda, pero y qué. Había una distancia muy grande entre los dos en todos los sentidos. Resopló y se dejó caer en el respaldo de su silla mirando por la ventana, sin ver nada. Mirando sin más. Otro follamigo, pensó. Magnífico amante, magnífico 'nada'. Apagó el ordenador y se fue de la oficina fingiendo un malestar generalizado que la obligaba a marcharse a casa. Se llevó el catálogo de pintura y se encaminó al pub. Con un café, marcaba las obras que le interesaban. Se fijó en una en especial. 'El beso' de Magritte. Un hombre y una mujer se besan con el rostro velado con una tela. De pronto pensó en Judy.
-¿Dígame?,- respondió una voz masculina al otro del teléfono. Era el padre de Judy.
-Soy Sofía ¿Cómo estáis?
-Hola Sofi, muy bien. ¿Y tú?
-Querría hablar con Judy, supongo que estará por ahí.
-No, no está. Está en casa de su abuela, pero no se ha llevado el móvil. Si quieres hablar con ella tendrás que llamarla allí.
Los acantilados de Shadowshore eran el lugar perfecto para evadirse del mundo. Judy paseaba descalza por la playa, en un día nublado y frío. Le gustaba sentir el choque de las olas en los pies, el agua fría que la espabilaba, la arena... Y allí estaba ella. Con su pelo trenzado, una caja de cervezas y algún conjunto carísimo de ropa interior. Sofía y La Perla. Se miraron durante un momento. Sofía miraba la ceja partida de Judy que aún lucía puntos de sutura, y sus manos, hinchadas y con heridas en los nudillos. Judy se desahogaba a su manera y liberaba la tensión a puñetazos.
-Te echo de menos amiga. No necesito que me des ningún tipo de explicación, sólo quiero que estés bien,- dijo Sofía.
Silencio.
-No lo estoy Sofía, no estoy bien. Esto se me ha ido de las manos, nunca debiste enterarte.
-Pero me he enterado y no podía callármelo.
-¿Y cómo crees que me siento yo? No sé cómo mirarte a la cara, ni qué decirte. Se supone que esto no debía haber pasado.- Judy comenzaba a alterarse.
-No tiene nada de malo, Judy, nadie elige de quien se enamora.
Judy comenzó a llorar.
-Eso es cierto, pero no tienes ni la menor idea de lo que me duele esto. Me duele tenerte cerca.... Pero somos amigas, siempre lo seremos. Algún día me despertaré y seré feliz porque te habré olvidado.
Aquellas palabras se clavaron en Sofía como cristales bajo los pies y también se puso a llorar.
-Pero yo no quiero que salgas de mi vida, Judy, eso no, jamás. Y ahora quiero que nos sentemos y que nos tomemos una puta cerveza porque he venido aquí para eso, para tomar una puta cerveza con mi amiga.... Y que me expliques por qué tienes la ceja partida,.... Macarra, que eres una macarra....
Sofía examinaba la cara de Judy entre lágrimas para cogerla y darle un abrazo de esos que son reparadores del alma.
-Le reventé la cara a Claudia por bocazas y ella a cambio, se defendió. Nada que no se solucione con una bonita cicatriz.- Judy sonreía con gesto dolorido.
-Mi jefe me dijo que había tenido un accidente y que estaba de baja,- respondió Sofía.
-Claro, yo fui su accidente,.... Y no descarto volver a serlo,.... Valiente zorra,...
Se sentaron apoyando la espalda en la pared de los acantilados y abrieron dos cervezas.
Paralelamente, llegaba un paquete a la oficina de Sofía, procedente de Turquía y La Perla sacaba su nueva colección de lencería en seda.
-¿Qué hacemos ahora Sofí?
-Báñemonos,... Hace un tiempo escpléndido,- dijo Sofía. Llevaba un rato lloviendo.
Juls, 26 de febrero de 2018
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