domingo, 18 de febrero de 2018

13 CEJA PARTIDA

     Claudia regresó en el vuelo de las diez de la noche, y mientras lo hacía, Sofía intentaba digerir la conversación que habían mantenido con ella. En aquel momento pensó que aquello era producto de un mal sueño, un guión escrito apresuradamente, donde no se habían tenido en cuenta las faltas, las erratas y mucho menos la coherencia y la cohesión del contenido. En definitiva, una mierda muy gorda. Decidió que lo mejor era no pensar en ello, dejarlo pasar y que el tiempo pusiera todo en su sitio. El problema era que Sofía no podía dejar de pensar en ello, cómo iba a hacerlo,..... Cómo iba a mirarla a la cara cuando la viera,... El móvil comenzó a sonar.
-Sofía, qué tal por Roma. Tengo algo para ti.- Su jefe hizo que durante un momento Sofía volviera a la tierra.
-La reunión ha sido,.... Un coñazo muy gordo y no se ha llegado a ningún acuerdo. Dicen que la aseguradora no va a cubrir el traslado del Monet, que deberíamos haberlos informado de que teníamos obras de semejante importancia y bla, bla, bla,.... Total, no sé para qué he venido. Por cierto,.... No me dijiste que habías enviado a una traductora,...
-Sí, y luego recordé que hablabas italiano. Pero la envié pensando en los peces gordos más que en ti.
-Jefe,- preguntó Sofía. -¿Cuánto tiempo hace que Claudia trabaja con nosotros?
-No lo sé, bastante, unos diez años o así, ¿Por qué?
-Por nada, es que resulta que la conozco, tenemos una amiga en común.

     Durante el vuelo de vuelta se dio cuenta de que el sábado tenía una celebración familiar y que había quedado con Judy para que la peinara. Nadie hacía recogidos como los hacía ella. Optó por guardar silencio, un silencio sepulcral. Cuando la viera le daría un beso y un abrazo, porque eso es lo que hacen las amigas, eso, salir a tomar algo, quererse, cuidarse y seguir siendo amigas. Hasta que llegó el sábado. Judy apareció por su casa con un maletín repleto de maquillaje, horquillas y peines para convertir a Sofía en la reina de la fiesta.
-He hecho café, ponte uno si quieres, y otro para mí.
-¿Y qué tal en Roma? Espero que me lleves algún día,....- Judy comenzó a trenzar el pelo de Sofía para hacerle un recogido.
-Roma siempre está bien, pero trabajando no se disfruta.- Judy sujeta el pelo con una mano y con la otra bebe café. Silencio. Mucho silencio.
-Judy, lo sé todo. Claudia estaba allí y estuvimos hablando. De lo vuestro, de por qué dejasteis de veros, de ti,...
Silencio. Las manos de Judy dejaron caer la trenza que se fue deshaciendo sola.
-De mí,...- Judy lo preguntó con muy seria, apretando los puños con fuerza, los nudillos estaban blancos.
-Judy, no sé qué decirte, sólo que yo,....-
-Sólo que tú nada,- interrumpió Judy. Te dejo ahí las cosas para que puedas peinarte.
-Judy no te vayas, por favor, no pasa nada, de verdad,....
-Sí que pasa, y mucho,....
-Ni siquiera sabía que trabajaba en mi empresa, nos pusimos a hablar y ella me dijo que,....
-¡No me interesa lo que te dijera esa zorra!
-¡Judy, por favor, espera!
Pero Judy no esperó. Salió dando un portazo con lágrimas en los ojos, llena de rabia y de pena a la vez. Fue derecha al Freedom porque sabía que allí estaría Claudia, y así fue. Sentada en una mesa con unos amigos.
-¡Hija de la grandísima puta!,- gritó Judy al localizarla.
Un segundo después las gafas de Claudia se estrellaban contra el suelo, a Judy le sangraba una ceja y Sofía lloraba sin saber qué hacer en su casa con una trenza a medio deshecha.

                                                 Juls, 18 de febrero de 2018

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