martes, 13 de febrero de 2018

12 COINCIDENCIAS

     El teatro era uno de espectáculos que le encantaban a Sofía. No iba mucho pero cuando lo hacía, era algo especial, le encantaba. Las entradas que le había regalado su jefe situaba su butaca en la platea alta, no se podía quejar. Y como prometió Judy, allí estaba, con ella, aguantando un dramón universal, de un autor universal, con su amiga universal.
Acto segundo, escena segunda; la escena del balcón. Sofía sintió un escalofrío en el cuerpo en el momento en el Romeo escalaba hasta Julieta. Era teatro, pero quién no había fantaseado alguna vez con que alguien te declaraba su amor de aquella manera. Escena en la que Romeo tiene que irse porque ha sido desterrado y debe dejar a Julieta tras consumar su noche de bodas a escondidas. Sofía pensaba en lo duro que era separarse de la persona amada; saber que no puedes hacer nada al respecto y que la separación es lo que hay, sin más. De pronto, se acordó de Jack. Tenía que reconocerlo, lo echaba de menos, mucho. Muchísimo. Y ya, ni siquiera la llamaba. Le dolía. Se concentró en la obra. La tragedia sobre el escenario iba avanzando sin frenos hacia la destrucción total de los amantes.
Escena en el panteón de los Capuleto; Romeo creé muerta a su amada. Toda la obra era un cúmulo de circunstancias y despropósitos. Las familias nunca tendrían un final feliz, los amantes jamás tendrían un final feliz. Un final feliz. Sofía reflexionó sobre aquello. Ella nunca había tenía un final feliz con nadie. Muchos rollos, muchos pretendientes, mucha cama, ninguna historia de amor real, de las de verdad, ningún hombre que fuera capaz de escalar hasta el balcón de su alma sin que saliera huyendo. Si ella fuera Julieta, habría muerto del aburrimiento esperando a que alguien viniera a despertarla y le dijera que todo estaba bien. Nadie le había dicho 'te quiero'. No se trataba de idealizar el amor, se trataba de dar sentido de la realidad al amor. Se le escapó una lágrima furtiva por la mejilla en el momento en el que el narrador culminaba la historia de los dos amantes. Sofía se deshizo en aplausos y Judy no fue menos. Salieron del teatro y fueron al Freedom a picotear algo.
-Has llorado. Eres una blandengue. En realidad somos dos blandengues. Antes de que des la paliza ya te lo reconozco yo; me ha gustado mucho y hasta me ha emocionado.- Judy dijo aquello esperando alguna reacción de Sofía al respecto pero no fue así.
-Perdona, no te estaba escuchando. ¿Qué decías?,- preguntó Sofía.
-Venga, va. A ti nadie te distrae de un clásico. Qué te pasa,- respondió Judy.
-Nada, es que estoy un poco cansada, mañana salgo para Roma y no tengo hecha la maleta.
-Ya. Es terrible. Yo, que tú, me iba corriendo a casa a hacerla, no vaya a ser que una maleta para dos días se convierta en la mochila del último superviviente. Madre mía, vete ya, que me pongo mala de verte aquí tan parada,..... A ver si vas a perder el avión....
-Estás muy graciosa tú, ¿No? Me encanta ese punto tuyo de ironía que me hace sentir tan ridícula.- Sofía le dio un manotazo en el hombro a Judy.
-¡Ay! Y tú estás muy puta tonta y yo no te digo nada. Que te has pasado todo la obra sorbiéndote los mocos de llorar, que te crees que no me he dado cuenta.
-Estoy muy sensible, eso es todo.
-Puta tonta, lo que yo decía.
     El avión salía a las diez de la mañana y aterrizaba en Fiumiccino dos horas y cuarto después. Sofía se había pasado todo el trayecto dándole vueltas a lo mismo. Una vez en el hotel, dejó su maleta, se aseó un poco y bajó a la reunión que tenía con el gerente de su empresa en Roma. Tenía tantas ganas de ir a esa reunión como de echar a correr. Si no se liaba la cosa, podría salir a pasear. Pero se lió. Vaya si se lió.
-¿Claudia?- se sorprendió Sofía. -¿Qué haces aquí?
-Soy la intérprete, o mejor dicho, tu intérprete. Menuda coincidencia. ¿Judy no te dijo nada?
-No, de hecho no tenía ni idea de que trabajáramos en la misma empresa. Pero yo hablo italiano,- contestó Sofía.
-Jajajajajaja bueno, me lo pagan igual, habla lo que quieras.
-Tengo que llamar a Judy y contárselo, el mundo es un pañuelo,- dijo Sofía.
-Mejor no, si no te importa prefiero que no la llames.
-Perdona, lo vuestro aún es muy reciente, soy una desconsiderada.- Claudia puso una cara muy rara.
-¿Lo nuestro? Judy no te ha dicho nada de por qué hemos dejado de vernos, ¿Verdad?,- preguntó Claudia.
-No, la vi un poco afectada y tampoco quise preguntar mucho. Pero tranquila, que a ti tampoco te voy interrogar. Bueno, vamos a trabajar, que quiero tomarme un helado en la plaza Navona.
-Me tomaré contigo ese helado y te aclararé por qué Judy y yo nos hemos dejado.
Las dos entraron en la reunión y tres larguísimas horas después, Claudia y Sofía estaban en una terraza frente a la iglesia de Santa Inés en la plaza Navona, con un helado de chocolate. Sofía no daba crédito a lo que Claudia le estaba contando. Ni siquiera pudo acabarse el helado.

                                                    Juls, 3 de febrero de 2018

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