Podría dejar que me tocaras, pero no lo haré. Sé que te mueres por besarme, pero no me robarás ni un sólo beso. ¿Por qué habría de hacerlo? Flirteas conmigo porque guardas la esperanza; una esperanza dibujada entre mis piernas. Yo también quiero tocarte y morderte la boca pero serías un loco y un necio si me dejaras siquiera acercarme. No podemos darnos lo que deseamos. Y lo sabemos los dos. Sin embargo, por algún motivo que desconozco y que se escapa a mi control, estoy aquí contigo, en pleno barrio de las letras, buscando que sigas flirteando conmigo. ¿Por qué habría de dejar que me besaras? Porque ya lo estás haciendo. Riegas mi mente con versos medievales mi cuello con tu lengua y con tu barba de dos días. Esa barba que me irrita la piel dejando marcas de pasión. Al separarnos sólo se escucha nuestra respiración agitada. Mi piel está irritada y tus labios hinchados por mis mordiscos. Besos de vino blanco y barba de dos días. Eso es todo a lo que podemos aspirar. Aquí, en una esquina oscura del barrio de las letras de Madrid. Hasta el siguiente verso.
Juls, 30 de agosto de 2016
Este relato tiene su encanto, aunque también lo encuentro un poco triste; si ambos quieren y nada parece impedírselos, el estar sólo buscando desde la distancia, queda un poco trágico absurdo.
ResponderEliminarA quien no le ha pasado?
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