domingo, 4 de septiembre de 2016

LAS MANOS

     Después de cada orgasmo sentía frío. Se subió las bragas y se tapó con la sábana hasta la altura del pecho. Y se fue quedando dormida, a ratitos, porque se había tomado el último café más tarde de las ocho.
'Descafeinado', se dijo a sí misma. 'A partir de una hora concreta tiene que ser descafeinado, o no tomar café'.
Pero estaba demasiado sola y demasiado caliente para dormirse sin más. Hacía unos tres meses que no veía a Martín, una especie de amigo o rollo extraño que conoció en la universidad, y con el que había estado liada. Las manos de Martín. Esas manos. Manos fuertes y curtidas por el trabajo de arqueólogo, pero que en la intimidad con ella sólo descubrían sus caderas. El sexo con él podía volverse tan primitivo como una pintura rupestre, o tan romántico y sensual como la 'odalisca' de Ingres. Recordar aquellos momentos con Martín la encendía, la provocaba, y consolarse a sí misma era la única solución en la soledad de su cama. Y en medio de aquella satisfacción física plena, se fue quedando dormida, tapada con la sábana, las bragas bajadas de nuevo y con whatsapp de Martín vibrando en su móvil.

                                   Juls, 31 de agosto de 2016

1 comentario:

  1. Este me deja con la sensación de que le falta algo, un poco más de movimiento a la imaginación en esa historia entre Martín y ella. Algo que deje al lector un poco más dentro de la historia.

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