Fuera llovía con dureza. De hecho, llevaba lloviendo prácticamente toda la semana y no tenía de pinta de parar. Se metió en la cama sintiendo el olor de las sábanas limpias y se acurrucó bajo el nórdico quedándose dormida. Entonces, en medio del sopor de sentirse agustito, algo rompió su tranquilidad. Era Elena, empapada. Paula quiso darse la vuelta pero Elena no la dejó.
-No te muevas... ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Llovía..... -susurró Elena a su oído.
Paula estaba estaba sorprendida,... La había dejado profundamente dormida en el sofá y una hora después estaba sobre su espalda, a horcajadas, mojadísima, moviéndose contra sus nalgas y acariciando su nuca y su cuello.
-¿Podrías explicarme por que estás así de empapada? -preguntó Paula.
- Tienes un gato que está mal de la cabeza. Le gusta escaparse y salir bajo la lluvia y que yo tenga que ir detrás de el sólo porque me da pena verlo maullar chorreando.- Willy era el gato de Paula. Un gato pardo gordo y sobable, muy cariñoso, que no entendía que no se podía salir cuando llovía.
-Jajajajajaja, ¿Has salido a buscar a Willy?.... Yo lo habría dejado ahí, para que aprenda. -Dijo Paula riéndose. ¿Y por dónde ha salido?,....
Pero Elena no prestaba ninguna atención a Paula, sólo se concentraba en tocarla, en besar su espalda, en provocarla. Paula notaba caer gotas del pelo de Elena sobre ella; sentía el contraste de temperatura sobre ella. La piel fría de Elena, su pelo mojado y el calor de sus muslos. Elena se balanceaba sobre su culo hundiendo sus manos entre el colchón y el pecho de Paula. Se perdía en la melena pelirroja de su víctima gimiendo.
-Recuerdo tu boca, besarnos bajo la lluvia, meternos mano,... -Paula contestó así a la pregunta de Elena.
-No voy a besarte, solo recuerda, y lo demás,... lo vamos viendo,... -Elena dijo aquello mientras introducía una mano en el interior de las bragas de Paula. Quería darse la vuelta, colocarse boca arriba pero Elena no la dejaba. Willy miraba desde la puerta de la habitación. Sus respiraciones agitadas y sus gemidos se perdían entre las bigas de madera del techo de la casa de Paula.
Ya por la mañana, Elena se había ido. Paula se levantó de la cama y en su camino al baño encontró una nota de Elena. "Lo siento mucho, muchísimo, pero aunque estoy absolutamente perdida en ti,... no puedo continuar con esto"... Paula se quedó muda con el papel en la mano, apoyada sobre la pared del pasillo. De pronto sintió un frío estremecedor que le recorrió todo el cuerpo. Ella no se había dado cuenta pero fuera, en contra de todo pronóstico, había dejado de llover.
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