jueves, 20 de octubre de 2016

CUATRO, CINCO O SEIS

     Estábamos desnudos en la cama. Fuera hacía demasiado frío pero nosotros aún nos estábamos recuperando del último orgasmo y sudábamos. Después de unos cuantos arrumacos noté que seguíamos estando cachondos como monas.
-Te propongo algo,- le dije. -Te propongo que juguemos a vestirnos, yo te visto a ti y tú a mí.
-¿Que nos vistamos mutuamente? Pero si yo lo que quiero es que nos quedemos así, a la fresca,....- Soltó una carcajada tremenda.
-A veces la insinuación provoca más que la mera desnudez. Hagámoslo. Será divertido. Saca los dados del parchís. Si yo saco uno, dos o tres, te coloco una prenda, si tú sacas cuatro, cinco o seis, me la colocas tú a mí.-
Se fue a por un dado y nos colocamos de pie junto a una mesa. Desnudos.
-¿Quién empieza?- preguntó.
-Yo misma.
Tiré el dado y salió un tres. Dudé sobre qué ponerle primero y pensé, que lo normal era el calzoncillo. Lo cogí y se lo metí por los pies, lo fui subiendo hasta que quedó puesto. No parecía tan mala idea después de todo esto de vestir al otro. Él me miró con una sonrisilla pícara. Su turno. Un seis.
-Este juego es interesante pero las mujeres siempre lleváis más prendas que un tío. ¿Aquí quién gana? ¿El primero que esté vestido entero?- Hablaba mientras decidía qué prenda ponerme primero, y se decidió por el sujetador. Me lo puso y me dio la vuelta para abrocharlo.
-En el del medio, por favor,- dije.
     Al ponérmelo me acarició la espalda. Era muy morboso sentir su aliento detrás de mí colocándome el sujetador. Un sujetador que él mismo me había regalado.
Misteriosamente, el dado fue muy generoso con él. Todos los números jugaban a su favor. Después de haberme puesto el sujetador y la blusa, quiso ponerme las medias. Eran unas medias de liga, con encaje, de esas que llevan una banda de silicona para pegarse a la piel y así poder prescindir del uso de un liguero.
     Yo estiré mi pierna derecha. Él estaba agachado delante de mí y comenzó a subir la media desde la punta del pie. Lo hacía muy lentamente, como si tuviera miedo a romperla. Me senté en la cama con la pierna estirada para estar más cómoda. A medida que iba subiendo la media se iba recreando con mi pierna. La acariciaba, la besaba, la lamía,... Aquello erizaba el bello de mi espalda y sentí un escalofrío. Cuando llegó a la altura de la rodilla yo ya esta con las piernas entreabiertas. Con una mano detuvo el ascenso de la media y con la otra me tocaba el muslo. En una de esas idas y venidas puso su mano sobre mi sexo. Yo la sentí caliente y ahogué un gemido. Sólo había puesto la mano, no había hecho ningún movimiento y fue sencillamente más excitante que cualquier otro gesto. Continuó subiendo la media que se había enrollado. La media llegó al muslo y él la estiró con sumo cuidado ajustándola. Después comenzó a besar la pierna de nuevo. Las dos piernas. Besaba y apretaba allí donde ponía las manos. Y con su boca lamiendo mi sexo y a medio vestir me dejé llevar en una espiral de sexo oral y de intensos orgasmos. La insinuación provoca más que la mera desnudez. Lo que podía llegar a dar de sí una media,....
     Ya por la mañana, y vestida, mientras él dormía, yo cogí el dado y me lo guardé en el bolso, colocando otro dado diferente en el parchís. El dado que me había guardado estaba trucado para dar un poco más de emoción a un inocente juego. Me dio la risa. Cerré la puerta con mucho cuidado para no despertarlo y me fui al bar de enfrente. El sexo me daba hambre y eso no se resolvía con una tirada de dados.
   

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